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Capítulo 531:
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La idea de que algo saliera mal en el futuro lo atormentaba. ¿Ryder la protegería cuando llegara el momento decisivo, o la sacrificaría para salvar su propio pellejo?
Mientras William luchaba contra su creciente confusión, Renee recibió la noticia de que la Cooperativa Maple ya había comenzado a actuar. Alguien había presionado abiertamente sobre el tema de la desaparición de Dooley. Estaba claro que, si no se resolvía pronto, empezarían a surgir sospechas, sospechas de que alguien en el poder podría estar ralentizando deliberadamente la investigación.
La implicación era evidente.
Elton, secándose el sudor de la frente, sintió el peso asfixiante de la situación. Bajo una presión cada vez mayor, se vio obligado a hacer una declaración firme. «¡En tres días encontraremos a Dooley!», prometió, sin dejar lugar a dudas.
Renee podía sentir la carga que aplastaba los hombros de Elton.
«Orlando ha rastreado el lugar donde desapareció Dooley. Si siguen esa pista, podrían descubrir algo», informó Elton, con la voz ligeramente temblorosa.
La voz de Renee bajó varios grados, y su frialdad atravesó la línea. «¿Dónde está? Dime dónde lo retienen. Yo misma me encargaré de esto».
La protesta de Elton fue inmediata, y su tono se elevó con alarma. «¡No puedes involucrarte directamente! Si tu identidad como Rose se ve comprometida, ya no podrás moverte libremente. ¡Tendrás las manos atadas en futuras operaciones!».
Una risa aguda y sin humor escapó de Renee, con un tono tan mordaz como siempre. «¿A qué se supone que debo temer? No voy a negociar. Solo voy a reunirme con un hombre muerto».
Las palabras de Renee quedaron suspendidas en el aire, dejando a Elton momentáneamente atónito al otro lado de la línea.
Un escalofrío le recorrió la espalda al procesar la escalofriante confianza que había detrás de su tono. Su voz tembló cuando finalmente respondió:
«Si Dooley acaba muerto, limpiar después podría no ser tan sencillo».
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La respuesta de Renee no mostró ni una pizca de preocupación. «No pasa nada. Tú te encargarás de la limpieza».
Elton se quedó sin palabras, con las palabras atrapadas en algún lugar entre su mente y sus labios. El sudor que se formaba en su frente delataba lo poco preparado que estaba para su indiferencia.
«Envíame la dirección», ordenó Renee, con un tono tajante y definitivo.
Elton dudó, y su silencio se prolongó lo suficiente como para mostrar su conflicto interior. Tras sopesar los riesgos y la inevitabilidad de su demanda, finalmente cedió y le envió la ubicación donde se encontraba Dooley.
En cuanto su teléfono vibró con la dirección, Renee entrecerró los ojos con determinación.
Sin perder el ritmo, memorizó la dirección y luego borró el mensaje, guardó el teléfono en el bolsillo y se dirigió con determinación a su habitación. Se cambió de ropa y se puso algo informal, sencillo pero funcional. Con un rápido movimiento de la mano, se colocó la pistola en la cintura, oculta bajo una chaqueta ligera. Sin perder ni un segundo más, salió por la puerta.
Al bajar las escaleras, sus movimientos se ralentizaron ligeramente cuando sus ojos se posaron en William. Estaba sentado en el sofá, con el portátil abierto, escribiendo, aparentemente absorto en su trabajo.
Sus pasos vacilaron brevemente, y la culpa se apoderó de ella al pensar en las mentiras que le había contado y en el peligro al que se enfrentaba.
William, como si sintiera su inquietud, levantó la vista hacia ella. Su mirada era firme y penetrante, como si quisiera desnudarla para leer cada uno de sus pensamientos.
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