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Capítulo 510:
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Estaba en perfecto estado, impecable y con el depósito lleno. William debía de haber encargado a alguien que la revisara periódicamente.
Con una elegancia natural, pasó la pierna por encima de la moto y se subió por delante. El motor cobró vida con un potente rugido, rompiendo el silencio de la noche mientras se adentraba en la oscuridad. El viento azotaba su piel y agitaba su cabello en una danza salvaje e indómita. Las farolas pasaban rápidamente, proyectando una iluminación fugaz sobre su rostro de impresionante belleza.
El contraste era chocante: un rostro tan elegante combinado con la intensidad temeraria de una motocicleta rugiente.
La había comprado en el segundo año de su matrimonio con William. En aquel entonces, buscaba la rebeldía, cualquier cosa que pudiera hacer que él se fijara en ella. Las carreras eran una de esas cosas.
Desde la ventana del estudio, William permaneció inmóvil, viéndola desaparecer en la noche. Una tranquila vacuidad se instaló en su pecho.
Antes, había tenido cuidado de no frenarla demasiado. Ahora, se daba cuenta de que no podía retenerla en absoluto. Y, a veces, el peso de esa constatación le dejaba una inquietante sensación de pérdida.
Renee serpenteó por las calles y finalmente llegó a un almacén destartalado a las afueras de la ciudad. Aparcó en un lugar apartado, se quitó el casco y echó una mirada aguda y calculadora a su alrededor. Solo cuando estuvo segura de que no había nada extraño, se dirigió hacia la entrada. La puerta estaba entreabierta y una tenue luz amarilla se derramaba sobre el frío pavimento.
En el interior, varios hombres permanecían rígidos, con el rostro duro y disciplinado. En el centro se encontraba un hombre de mediana edad, de hombros anchos y mirada aguda. En cuanto Renee entró, la saludaron con silenciosa reverencia.
«Buenas noches, Renee».
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«¡Ya estás aquí!».
Ella les saludó con un breve gesto antes de recorrer la sala con su mirada penetrante. Su voz era firme, sin dejar lugar a dudas. «¿Todos tienen claros los detalles de la misión?».
Le siguió un coro unánime. «¡Sí, señora!».
El hombre mayor dio un paso adelante y le tendió una carpeta. «Aquí está todo lo que tenemos sobre el objetivo. Las órdenes son claras: los necesitamos vivos».
Renee hojeó los documentos, ojeando cada página con intensa concentración. «Este objetivo es fundamental para la próxima operación de nivel S. No podemos permitirnos ningún error».
Cerró la carpeta, levantó la vista y miró a cada uno de los presentes con autoridad inquebrantable. «Si nos descubren, no solo fracasará esta misión. Todos los sacrificios que han hecho nuestros compañeros caídos serán en vano».
Un joven enderezó la espalda y se golpeó el pecho con convicción. «¡No te preocupes! ¡No te defraudaremos!».
Renee asintió, pero su expresión siguió siendo inflexible. «Manteneos alerta. El exceso de confianza es un lastre».
Cerró la carpeta con expresión firme. «Revisad vuestro equipo».
Se dio la vuelta y se quitó la ropa informal, sustituyéndola por el traje de combate que le habían preparado. El peso familiar se posó sobre su cuerpo. Había pasado algún tiempo desde la última vez que pisó el campo de batalla. Una sensación rara y desconocida se apoderó de su pecho: nerviosismo.
Quizás porque esta vez… tenía algo que perder.
Y entonces se dio cuenta de algo: cuando se marchó esa noche, ni siquiera se había despedido como es debido de William.
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Nota de Tac-K: Amadas personitas, espero les gustarán los capítulos de hoy, tengan una agradable mañana. Dios les ama y Tac-K les quiere mucho.( ─‿‿─)
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