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Capítulo 342:
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Renee echó un vistazo a los enfurecidos manifestantes que bloqueaban la puerta desde su coche, y la furia ardió en sus ojos.
Rápidamente se recogió el pelo en una coleta alta, con movimientos bruscos e impacientes. Con un destello ardiente en los ojos, espetó: «¿Este miserable grupo? ¡Apenas son suficientes para acelerar mi corazón! Puedo acabar con todos ellos. Quiero ver qué pasa después».
«¡Son realmente capaces de hacerlo!». Después de aguantar la situación durante varios días, Renee estaba prácticamente deseando pelear.
Justo cuando iba a abrir la puerta del coche, una mano firme pero cálida le agarró la muñeca, deteniéndola.
Renee giró la cabeza, con la mirada llena de frustración. «¡No te atrevas a intentar detenerme! ¡Suéltame!».
Pero William solo sonrió amablemente. Su voz era suave, casi persuasiva, cuando dijo: «No te estoy deteniendo, Nene…».
Su pulgar trazó círculos lentos y provocadores en el dorso de su mano, un toque que parecía calmarla y coquetear con ella.
William continuó, con un tono ligero pero firme: «Déjame encargarme de esto, ¿quieres? De lo contrario, ni siquiera sabría para qué te sirvo».
Renee se quedó en silencio.
La sonrisa de William se suavizó y su voz se convirtió en un murmullo suave, casi suplicante. «Déjame luchar contra ellos por ti, ¿vale?».
Renee permaneció en silencio, con sus pensamientos enredados en un torbellino de emociones.
¿Se estaba escuchando a sí mismo William en ese momento?
¿Luchar contra ellos por ella?
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Como una de las figuras más prominentes de Tofral, que William lanzara un puñetazo como este sería como arrojar una cerilla a la hierba seca: la reputación de su familia se iría al traste. Peor aún, la carrera de su padre también podría verse afectada.
Sin embargo, antes de que Renee pudiera asimilarlo del todo, William se acercó a la puerta del coche. Alarmada, Renee le agarró del brazo.
—¿Qué crees que estás haciendo? —dijo ella.
William esbozó una sonrisa pícara. —Voy a luchar por mi esposa.
Renee lo miró atónita. ¿Desde cuándo se había vuelto tan desafiante, tan descaradamente audaz? ¿Dónde estaba el William recto y respetuoso con las normas que ella siempre había conocido?
De niños, ella había pasado años intentando arrastrarlo al lado salvaje, probando todos los trucos posibles para que rompiera alguna que otra regla. Siempre había sentido curiosidad: ¿cómo sería el lado salvaje de William?
Ahora, su deseo por fin se había hecho realidad.
Y, sin embargo, ese lado suyo la asustaba.
«¡Voy a salir a apoyar a mi esposa en una pelea!», declaró William, con un tono tan desenfadado que resultaba casi cómico. Actuaba como si fuera lo más natural del mundo.
Pero ¿la idea de que realmente lanzara un puñetazo? ¡Probablemente Internet explotaría en cuestión de horas!
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