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Capítulo 328:
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Renee se quedó sin palabras.
De alguna manera, sus palabras solo lograron molestarla aún más.
Pero entonces se dio cuenta: era William quien acababa de decir esas palabras, y había un peso detrás de ellas que no podía ignorar. Sabía que con él tenía que ser directa, o no entendería el significado de lo que quería decir.
Renee se detuvo a un lado de la carretera y se volvió hacia William con tono serio.
Le dijo: «William, hemos llegado hasta aquí porque siempre nos hemos entendido. Siempre hemos intentado tener en cuenta los sentimientos del otro. Pero ahora tengo que decirte algo: desde que nos comprometimos, ¡tienes que ser responsable por los dos! Ya no estás en el ejército. No me importa cómo eras antes, pero a partir de ahora, ¡no te dejaré volver a jugarte la vida!».
William escuchó en silencio, con la mirada fija en ella.
«Si esto vuelve a pasar, ¡me enfadaré de verdad! William, ¿me entiendes?», continuó Renee con voz firme.
Pero tras varios segundos de silencio, William seguía sin responder. Entonces, sin previo aviso, extendió la mano, le sujetó la nuca a Renee y la atrajo hacia él para darle un beso apasionado.
Renee se vio sorprendida por lo repentino del beso, y abrió mucho los ojos mientras sus manos se presionaban instintivamente contra el pecho de William.
Pero la intensidad de su beso, lleno de emoción y deseo, pronto superó su sorpresa inicial. Poco a poco, sus manos se relajaron y se encontró respondiendo al beso, incapaz de resistirse a la atracción entre ellos.
El aire del coche se volvió más denso y el ambiente cambió a algo mucho más afectuoso.
Después de un rato, William finalmente se apartó, apoyando suavemente la frente contra la de Renee. Murmuró: «Nene…». Pronunció su nombre en voz baja.
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Su suave murmullo envolvió el corazón de Renee, evocando recuerdos del pasado.
«Lo siento… Me equivoqué», continuó William.
Renee asintió suavemente, con una voz ahora más suave. «Esta es la última vez. A partir de ahora, pase lo que pase, necesito que siempre priorices tu seguridad».
William asintió con la cabeza. «De acuerdo».
Pero Renee, aunque tranquila, aún no podía creerle del todo. Añadió con tono serio: «Recuerda, ya no eres soldado. No tienes que arriesgar tu vida por nadie».
William respondió rápidamente: «De acuerdo…».
Renee continuó, pensando en Félix: «Ahora tenemos a Félix… Ya te has perdido dos años de su vida. Necesito que estés ahí para él a partir de ahora. Tenemos un largo camino por delante».
La mención de Félix provocó en William una mezcla de emociones: dolor y felicidad entrelazados.
Nunca había conocido los retos de ser padre y no tenía ni idea de cómo había sido para Renee criar a su hijo sola antes.
Imaginar las dificultades a las que Renee debió enfrentarse durante los últimos dos años le partió el corazón. La atrajo suavemente hacia él, como si intentara soportar el peso de su mundo por ella.
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