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Capítulo 277:
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El anestesista no dejaba de secarse la frente, con gotas de sudor que brotaban a cada segundo que pasaba. Pero, de alguna manera, el paciente permaneció tranquilo y quieto, como si la anestesia finalmente hubiera hecho efecto.
Renee nunca soltó la mano de William, una promesa silenciosa de permanecer a su lado.
Por primera vez, veía a William tan frágil. A sus ojos, él siempre había sido un héroe. Un verdadero héroe.
Siempre había sido su héroe, aunque ella nunca lo hubiera expresado. Cuando se enteró de que había dejado el ejército por ella, se sintió destrozada. Sentía el peso de su sacrificio, pesado y sofocante.
No sabía cuánto tiempo había pasado cuando una voz desconocida rompió la tensión.
«La operación ha sido un éxito».
Renee se quedó allí, atónita, con la mente luchando por asimilar las palabras, hasta que la enfermera jefe le tocó suavemente el brazo. Lentamente, levantó la mirada.
«¿Qué… qué ha dicho?».
La cara que tenía delante se le difuminó y las palabras le parecieron retrasadas, como si no estuvieran sincronizadas con el sonido.
«¡Señorita, la operación ha sido un éxito!».
La sala estalló en aplausos, y el alivio del equipo resonó en el aire. Aunque no era la intervención más difícil, había sido la más angustiosa de todas.
«¡Lo hemos conseguido, ha sido un éxito!».
La operación había sido un éxito.
¡Espera! ¿Qué operación? Los pensamientos de Renee se dispersaron, en una confusión borrosa.
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Ah, claro. La operación de William.
¡Había sido un éxito! ¡Era increíble! ¡William se pondría bien! Una pequeña sonrisa se dibujó en el rostro de Renee, pero al instante siguiente, todo se oscureció y se desmayó.
William parpadeó al despertar, las intensas luces blancas que había sobre él le nublaron la vista por un momento. Cuando se aclaró, se dio cuenta de que estaba en un hospital. Le resultaba extrañamente familiar: había pasado mucho tiempo en lugares como ese durante su etapa en el ejército. Al fin y al cabo, las lesiones eran parte del trabajo. Pero esta vez, algo era diferente. Sentía un extraño peso en el pecho, como si su mente aún estuviera hecha pedazos. Todo parecía extraño, como si una parte de su memoria simplemente… hubiera desaparecido.
La anestesia. Probablemente fuera eso.
Intentó mover la mano, pero no podía. Algo estaba agarrado entre sus dedos. Al mirar hacia abajo, vio una mano delgada envuelta alrededor de la suya. Su mirada recorrió el brazo y encontró a Renee tumbada en una cama frente a él.
Estaba quieta. Demasiado quieta. No sabía si estaba inconsciente o simplemente dormida.
Justo cuando estaba a punto de moverse, entró una enfermera. Sus ojos se agrandaron al ver que estaba despierto.
«¡Señor, está despierto! ¿Cómo se encuentra? ¿Le duele algo?».
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