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Capítulo 274:
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Era mandona, intrépida, siempre en el centro del caos.
Y William, que valoraba la paz, la encontraba insufrible.
Pero justo cuando estaba a punto de marcharse, una voz clara lo llamó, aguda y desesperada. «¡Will, por favor, ayúdame!».
Se quedó paralizado, incapaz de dar un paso más. Algo en la forma en que ella pronunció su nombre lo ancló en el sitio.
Solo Sylvia lo había llamado así, y él siempre la había visto como una hermana pequeña.
Pero había algo inesperado en oír a Renee decirlo, desesperada, con crudeza. Por extraño que pareciera, le produjo una extraña emoción.
En contra de su mejor juicio, William la ayudó ese día.
Las chicas se dispersaron tras su mirada severa y unas palabras contundentes. Cuando se calmó la situación, solo quedaban ellos dos en el callejón. Un silencio incómodo llenó el espacio, devolviendo a William a la realidad. Sin decir nada, se dio la vuelta para marcharse, sin molestarse en ver si Renee le seguía.
Entonces, el sonido de unos pasos resonó detrás de él, al que pronto se unió una canción infantil cantada completamente desafinada.
«La historia comienza en ese primer sueño. Las estrellas parecen brillar solo para mí. Incluso alguien corriente, como yo, puede tener un momento de gloria. Lo desconocido me espera, mientras la brisa marina acaricia mi rostro».
La voz de Renee se escuchaba clara, suave pero segura.
Era la misma canción de hacía tantos años.
William nunca supo cómo se llamaba. Ella nunca la había vuelto a cantar, hasta ahora.
Sin embargo, de alguna manera, la letra se le quedó grabada en la memoria, vívida y nítida, junto con la forma en que ella lo llamaba Will. Pero ella tampoco lo había vuelto a llamar Will desde entonces.
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El zumbido llenaba sus oídos, agudo e implacable.
Un helicóptero sobrevolaba sus cabezas, con sus hélices cortando el aire denso. William sintió que lo subían a una camilla. Renee desapareció de su campo de visión, pero él sabía que estaba allí.
Podía sentir su presencia, algo que había anhelado durante esos tres años vacíos en los que ella no era más que un fantasma en su vida.
Esos años habían sido los más oscuros de su vida.
Luchó contra el peso que lo oprimía, esforzándose por girar la cabeza. Respiraba entrecortadamente mientras reunía todas sus fuerzas. «Nene…». Su voz temblaba, áspera y desesperada. «Te… amo… Nene…».
Renee luchó por mantener la compostura, aunque sus manos y pies temblaban incontrolablemente.
Obligó a su voz a mantenerse firme, pronunciando cada palabra deliberadamente mientras coordinaba los esfuerzos de rescate.
Eso era lo que podía hacer por él: la única forma de conseguir rápidamente la atención médica que William necesitaba.
El accidente de coche de William se extendería por Tofral como una onda expansiva, sin dejar a nadie indiferente.
La llamada al hospital militar puso todo en marcha. En cuestión de segundos, pasaron al modo de alerta de emergencia. Se convocó a los mejores médicos de varios departamentos para que realizaran una consulta. Cuando el helicóptero aterrizó, el equipo quirúrgico ya estaba preparado para atender a William.
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