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Capítulo 228:
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«Más lejos… hay algunas, pero es poco probable», dijo el capitán. «Están a una hora en barco desde aquí».
Una hora en barco: nadie podría nadar tan lejos, especialmente en el gélido mar nocturno.
Sin embargo, la voz de William se mantuvo firme mientras daba la orden: «Entonces vayamos en esa dirección. ¡Busquemos allí!».
El capitán del equipo de rescate estaba seguro de que era una causa perdida, pero aun así fue a dar las órdenes.
Denton abrió la boca para decir algo, pero pensó mejor y no lo hizo.
En su lugar, le entregó en silencio una botella de agua a William. William la tomó sin decir nada.
«¿Quieres comer algo? Necesitarás fuerzas si vas a seguir buscando», sugirió Denton.
William asintió sutilmente.
Su expresión permaneció inalterable, con el rostro como una piedra, como si se hubiera vaciado de toda emoción. En ese momento, sonó su teléfono.
Era Eric.
Sin dudarlo, William terminó la llamada.
Pero Eric, persistente como siempre, volvió a marcar.
Irritado, William finalmente contestó.
Al otro lado, Eric no se apresuró a hablar, esperando a que William rompiera el silencio.
—Papá, si no es nada importante, voy a colgar.
—Tu boda con Laurie es dentro de tres días. No llegues tarde.
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—Papá, ¿te estás escuchando? La gente podría pensar que me estás invitando a tu boda.
—¡Pequeño mocoso! ¿Qué tonterías estás diciendo? —replicó Eric.
William se burló. «¿Te das cuenta de lo ridículo que suena eso, verdad? ¿Cuándo he aceptado casarme con Laurie?».
«No es una petición, William. ¡Es un anuncio!», espetó Eric. «No estaré allí. Si insistes en seguir adelante, la boda se celebrará sin novio».
«¿Me estás amenazando?», preguntó Eric, alzando la voz.
William solo respondió con silencio.
La frustración de Eric llegó al límite y, con un bufido amargo, espetó: —¡En ese caso, nunca volverás a ver a Renee!
Las palabras de Eric le golpearon con fuerza, como un puñetazo.
William apretó el teléfono con fuerza, los nudillos blancos mientras luchaba por mantener la voz firme, los dientes apretados.
—¿Qué quieres decir? —preguntó, con las palabras escapándose entre dientes.
La voz de Eric era fría y distante. «He ordenado al equipo de búsqueda y rescate que se retire. A partir de ahora, nadie te ayudará a encontrarla, ni siquiera Abbott».
Los ojos de William brillaron con furia, su mirada ardiendo con ira tácita.
«Si regresas ahora, les daré instrucciones para que reanuden la búsqueda. Puedo garantizar la seguridad de Renee», continuó Eric, con un tono casi demasiado tranquilo.
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