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Capítulo 1065:
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Marissa asintió solemnemente. —¿Es posible que el abuelo de Everett, que salvó a mi padre y organizó nuestro compromiso, estuviera todo orquestado?
—Eso también se me ha pasado por la cabeza —admitió Connor—. Pero no te estreses. Ya he enviado a alguien a investigar su estancia en el extranjero. Pronto averiguaremos si se trata de una mera coincidencia o si hay un complot más profundo en juego.
Marissa volvió a asentir, tranquilizada.
En ese momento, un suave golpe en la puerta interrumpió su intensa conversación.
Un tímido golpe resonó en la puerta, como si el visitante conociera bien a los ocupantes de la habitación y dudara en entrometerse.
Marissa, sobresaltada por el sonido, intentó rápidamente separarse de Connor. Susurró una mezcla de urgencia y precaución. «¡Suéltame! ¡Ahora!».
La intimidad del momento la hizo sentir expuesta, a pesar de la sólida barrera que los protegía de la vista. Un rubor de vergüenza se apoderó de sus mejillas, su corazón latía con fuerza.
En marcado contraste, Connor era la imagen de la tranquilidad. No pudo evitar admirar la inesperada timidez de Marissa; era una marcada desviación de su habitual presencia fría y dominante. Verla nerviosa era inesperadamente entrañable.
Los intentos de Marissa por apartarlo fueron inútiles; Connor permaneció impasible. Cuando ella lo miró, su sonrisa era de pura diversión. En un ataque de frustración, ella le pisó el pie con fuerza.
La mueca de dolor de Connor fue su primera concesión, y él la soltó de mala gana.
Marissa le lanzó una mirada fulminante antes de girarse para dirigirse a la puerta. Connor, que seguía con media sonrisa, se tocó los labios por reflejo, saboreando el persistente sabor de su beso.
Antes de abrir la puerta, Marissa hizo una rápida, aunque minuciosa, inspección de su apariencia, ajustándose la ropa y alisándose el pelo.
Consiguió serenarse, con una sonrisa serena y tranquila, como si la habitación que tenía detrás no tuviera secretos. Al ver a Hannah en la puerta, Marissa la saludó con un suave susurro. «¿Necesitas algo, Hannah?».
En respuesta, el comportamiento de Hannah fue una mezcla de precaución y disculpa, y su intromisión pareció pesar sobre ella. Cuando sus miradas se cruzaron, hubo un toque adicional de emoción inescrutable en su mirada, y su sonrisa se volvió un poco forzada.
Al notar el inusual escrutinio en la mirada de Hannah, Marissa sintió que algo andaba mal. Lamentablemente, no había tenido un momento para mirarse en el espejo antes de apresurarse a abrir la puerta.
Con un toque de incertidumbre en la mejilla, Marissa preguntó: «Hannah, ¿por qué me miras así?».
Hannah, tratando de disimular su incomodidad con una risa, respondió: «Estás bien». «Oh, Marissa, tu padre quiere verte. Está abajo».
Pillada con la guardia baja, Marissa exclamó: «¿Mi padre ha vuelto? ¿No estaba en el jardín jugando con los niños? ¿Qué le ha hecho volver tan pronto?».
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