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Capítulo 1062:
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Pero hoy, reconoció una amarga verdad: las habilidades de combate de Connor podrían eclipsar las suyas.
El beso se prolongó y, a medida que su resistencia se desvanecía, dejó de luchar. No era su primer beso y ya tenían dos hijos juntos. Si Connor deseaba este beso, ¿por qué iba a resistirse? Su riqueza y encanto apenas hacían que fuera un sacrificio por su parte.
Con este pensamiento, su irritación se desvaneció y, poco a poco, empezó a encontrar cierto placer en su abrazo. La técnica de Connor había mejorado claramente, haciéndola inesperadamente delicada en sus brazos.
Finalmente, sus besos se suavizaron, pasando de enérgicos a tiernos, y toda su actitud se transformó, irradiando ahora calidez y afecto.
A medida que su beso se prolongaba, el tiempo parecía suspenderse, y Marissa se ablandó en el abrazo de Connor, como un zarcillo que se enrosca suavemente contra un soporte resistente. Se rindió por completo, dejando de lado toda apariencia de control.
El aire a su alrededor se volvió más cálido a medida que sus respiraciones se mezclaban, rápidas y pesadas, haciendo que su corazón se acelerara con una intensidad que se hacía eco del calor de la habitación.
Perdida en el momento, Marissa no podía decir cuánto tiempo habían estado entrelazados. Justo cuando la cercanía amenazaba con abrumarla, Connor se detuvo, retrocediendo lo suficiente para dejarla respirar, aunque su presencia permanecía cerca, su aliento era una cálida caricia en su mejilla.
Lámina en sus brazos, con la mente vacía de pensamientos, Marissa se concentró únicamente en respirar profundamente y revitalizarse.
Connor mantuvo su mirada, sus cuerpos aún apretados, compartiendo la danza íntima de sus respiraciones y los latidos sincronizados de sus corazones.
En este fragmento de tiempo congelado, la claridad volvió gradualmente a Marissa, trayendo una marea de indignación. Ella vaciló al borde de cuestionar la descaro de Connor.
Pero antes de que las palabras pudieran formarse, notó el enrojecimiento de sus ojos, la emoción en carne viva al descubierto. Él la miró con la vulnerabilidad de un niño, suplicando en silencio la comprensión de un padre que sentía que lo había ofendido. Marissa se quedó momentáneamente sin habla. ¿Era este realmente el hombre formidable al que todos reverenciaban?
Parecía tan agraviado, tan ofendido, y sin embargo era él quien se había extralimitado.
Sus labios se abrieron, pero ninguna acusación rompió el pesado silencio. Fue Connor quien habló, con la voz cargada de emoción.
—Marissa, no puedes casarte con nadie más que conmigo.
Su súplica se hizo eco de la insistencia posesiva de un niño, implorando el afecto exclusivo de un padre. —Mamá, no puedes amar a nadie más que a mí.
Marissa apretó los labios para reprimir una risa. Este era un lado de Connor que nunca había visto: vulnerable, casi lastimoso.
Lo había conocido como un pilar de fuerza, un maestro de la astucia, ocasionalmente pícaro, pero nunca tan expuesto, tan lastimosamente afligido.
Lo absurdo de la situación la divertía en silencio.
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