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Capítulo 1544:
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Apretó la mandíbula y siseó: «¿Por eso has venido hasta aquí? ¿Solo para restregármelo en la cara?».
Elyse se levantó con una sonrisa pícara en los labios. «Oh, no soy solo yo. Hay alguien más que está deseando visitarte. Parece que estás muy solicitada».
La mente de Fiona se aceleró, tratando de descifrar las intenciones de Elyse, pero algo en la situación no le cuadraba. Su instinto le decía que aquello no era nada inocente.
En un instante, Fiona se puso en pie, con la voz aguda y decidida. «No tengo nada que decirles. ¡Déjenme ir! No aceptaré más visitas».
Elyse captó el destello de pánico en los ojos de Fiona y una risa silenciosa se escapó de sus labios. —¿Qué pasa? ¿Tienes miedo? ¿Estás nerviosa por quién vendrá después?
La risa burlona de Elyse resonó en el aire como una navaja cruel y afilada, cortando la compostura de Fiona y dejándola humillada.
Fiona, a punto de perder el control por completo, respondió con voz entrecortada por la emoción: —¡Elyse, tú eres la que tiene malas vibraciones! ¿Acaso arruinar mi vida es lo único que te da sentido?
Elyse no pudo evitar estallar en carcajadas de nuevo, su incredulidad casi cómica.
«¿Yo? ¿Hacerte daño? ¿En serio? ¿Cuándo he hecho eso? ¡Tú eres la que siempre está haciendo daño a los demás!». Con un último bufido de exasperación, Elyse se dio media vuelta y salió furiosa, sin mirar a Fiona ni una sola vez.
Fiona, que quería huir de allí, se encontró empujada hacia su asiento por un guardia de la prisión.
Ella respondió con voz frustrada: «¿Por qué me retienes aquí? ¡Tengo todo el derecho a rechazar visitas! ¡Déjame ir!».
El guardia, impasible ante sus protestas, respondió con frialdad: «No saldrás de aquí hasta que termine la visita».
Mientras tanto, Elyse regresó a la otra habitación, todavía furiosa.
«He terminado. Ahora te toca a ti».
Louise levantó la vista, sintiendo la agitación de Elyse. «¿Qué te pasa? Pareces a punto de explotar», le preguntó.
Elyse se encogió de hombros, con la frustración a punto de desbordarse. «No es nada. Fiona está tan molesta como siempre. No ha cambiado ni un ápice».
Nick se puso de pie, listo para intervenir. «Ya que has terminado, me toca a mí», dijo con calma.
Elyse asintió rápidamente, todavía irritada. —Adelante, pero que sepas que Fiona es tan terca como una mula. No escuchará ni una palabra.
Nick se quedó desconcertado. Recordaba a Fiona como una chica delicada, casi tímida. No esperaba que fuera tan terca.
Siguió al guardia hasta la pequeña habitación, apenas iluminada. En cuanto entró, vio a Fiona. Parecía frágil, pero no había duda de que era ella. Nick aún recordaba a Fiona, pero ella no tenía el más mínimo recuerdo de él.
Fiona miró fijamente a Nick, buscando en su memoria, pero no le vino nada a la mente. Nick se sentó y se hizo un silencio repentino entre ellos. Abrió la boca, pero dudó, sin saber cómo romper el silencio. Tras un instante, finalmente preguntó: «¿Te acuerdas de quién soy?».
Fiona cruzó los brazos, con la mirada aún perdida.
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