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Capítulo 1542:
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«La mujer que me saboteó… ¡Fiona Evans!». La voz de Nick temblaba de ira incontenible. «¿Por qué debería enfrentarme a ella? Ya me ha causado suficiente daño. Me costó mi oportunidad en la Swan Cup y mi temprana salida de la competición. ¡No tengo ningún deseo de verla!». Sus emociones se agitaron como una tormenta.
Elyse respondió con firmeza: «Quieres seguir con tu música, ¿verdad? Tienes que afrontar esto de frente, enfrentarte al dolor del pasado».
Nick, con voz débil, protestó: «Pero yo no he abandonado el violín».
«No es suficiente. Solo estás fingiendo seguir adelante». La perspicacia de Elyse atravesó la fachada y tocó el núcleo de su agonía.
Persuadido por su comprensión, Nick preguntó: «¿De verdad tienes una forma de que la vea?».
Elyse asintió. «No soy yo. Es ella». Señaló a Louise. «La princesa de Manfek, la futura heredera al trono. Ella es la clave para que puedas cerrar este capítulo».
Nick, visiblemente conmocionado, logró balbuear: «¿Ella… ella es una princesa?».
Elyse lo confirmó: «No tengo motivos para mentir».
Louise, disfrutando del asombro de Nick, se mantuvo erguida con porte regio. «Vamos. El tiempo es oro».
Elyse siguió a Louise.
Nick seguía aturdido, luchando por asimilar la realidad mientras el equipo de seguridad lo acompañaba al coche.
Cuando Louise, Nick y Elyse llegaron a la prisión, salieron del coche.
Nick se quedó paralizado en la entrada, con la mirada fija en los imponentes muros coronados con alambre de púas. Tragó saliva y murmuró con voz temblorosa: «Así que Fiona Evans acabó aquí».
Elyse asintió en silencio, con la mirada perdida mientras reflexionaba. —Ha causado mucho daño. No solo saboteó tu oportunidad, sino que también provocó un accidente que dejó a un concursante en rehabilitación. Su sentencia tenía que ser dura.
Las emociones se agitaron en el interior de Nick. No había comprendido del todo la gravedad de los delitos de Fiona, solo que le había arruinado la oportunidad de continuar en la competición. Pero al enterarse del accidente, todo le pareció más complicado y difícil de asimilar.
Con Louise a la cabeza, Elyse y Nick entraron en la prisión. Les dijeron que solo podía entrar un visitante a la vez, así que Elyse entró sola.
Un guardia la condujo por un estrecho pasillo hasta llegar a una pequeña habitación. Había cámaras en cada rincón, con sus lentes fijos y vigilantes. Elyse se sentó en la silla del centro de la habitación, con la mirada fija en la mampara de cristal que tenía delante. Una estrecha ranura en la parte inferior del cristal era el único puente para su conversación.
Después de esperar diez minutos, oyó que la puerta se abría con un chirrido.
Un guardia entró y guió a una mujer vestida con un uniforme de prisión holgado hasta que quedó a la vista.
Era Fiona, alguien a quien Elyse no había visto en lo que le pareció una eternidad. Fiona parecía notablemente más delgada, y el uniforme de prisión le caía sobre su frágil cuerpo. Sin embargo, sus pasos eran firmes, lo que indicaba que no había sufrido un trato duro durante su estancia en prisión.
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