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Capítulo 980:
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En ese instante, el pecho de Brennen se llenó de una ternura silenciosa y desbordante. La tomó en sus brazos y le dio un suave beso en la mejilla. «Mi pequeña… Te he echado tanto de menos».
Adora soltó una risita alegre, un sonido claro y espontáneo. Sus bracitos se deslizaron alrededor de su cuello con una confianza sorprendente. «Tío».
Tras tomar posesión oficialmente como alcalde de Bleron, los días de Brennen se convirtieron en un torbellino de reuniones, inspecciones y un papeleo interminable. Rara vez tenía un momento para sí mismo. Sin embargo, por muy apretada que estuviera su agenda, nunca dejaba de sacar tiempo para Hillcrest Villa, para su hermana y, sobre todo, para su sobrina y su sobrino.
El cariño que le tenía a Adora rayaba en lo ridículo. Por ella, movería cielo y tierra, sin escatimar esfuerzos para satisfacer hasta el más mínimo capricho.
Al principio, Brennen visitaba Hillcrest Villa con frecuencia, compaginando las idas y venidas con sus obligaciones como alcalde. Sin embargo, con el tiempo decidió que el constante ir y venir resultaba demasiado engorroso, por lo que, como era de esperar, Adora empezó a acompañarle a todas partes.
Se convirtió en una imagen habitual, e incluso peculiar, en el edificio del ayuntamiento de Bleron: Brennen, el recién nombrado alcalde, ya fuera presidiendo reuniones, recibiendo a dignatarios o inspeccionando la ciudad, siempre iba acompañado por una niña pequeña y vivaz. Durante las reuniones, Brennen se sentaba a la cabecera de la mesa, lúcido y autoritario, asimilando los informes con una intensidad que denotaba experiencia. A su lado, Adora se sentaba obedientemente en su silla, totalmente absorta en sus garabatos, con los lápices de colores chirriando sobre el papel. Los únicos otros sonidos eran las preguntas concisas de Brennen y el murmullo constante de la discusión de sus subordinados.
No tardó mucho en que todo el mundo lo aceptara. A pesar de su reputación de político joven, brillante y formidable, Brennen estaba total y irremediablemente en las manos de su sobrina.
Sobre el terreno, la tónica se repetía. Brennen cogía a Adora de la mano mientras recorrían las obras, la levantaba para que viera los avances desde lo alto de los andamios y le explicaba pacientemente el plan urbanístico de la ciudad en términos que incluso una niña pudiera entender.
La curiosidad de Adora no tenía límites. Sus ojos grandes y brillantes lo absorbían todo, y le acribillaban con las preguntas más caprichosas. «Tío Brennen, ¿por qué es azul el cielo?». «¿Por qué tenemos que construir tantos rascacielos?» «¿Es divertido ser alcalde?»
Brennen nunca se cansaba de sus preguntas. Sus respuestas eran pacientes, amables, salpicadas de sonrisas que transformaban su actitud, normalmente severa y seria, en algo cálido, casi tierno.
La noticia se extendió rápidamente: el alcalde tenía una pequeña compañera que le seguía a todas partes por Bleron. Pero, en lugar de criticarlo por poco profesional, esto hizo que Brennen se ganara el cariño de los ciudadanos. Veían a su nuevo alcalde como alguien accesible, cálido y humano. Cada vez que los medios de comunicación cubrían una noticia sobre él, se aseguraban de capturar también un magnífico primer plano de Adora. De la noche a la mañana, sus fotos circularon como la pólvora: una niña que parecía una muñeca de porcelana, inteligente, encantadora y absolutamente irresistible. Todo el mundo la adoraba.
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Pero Austin odiaba aquello. Día tras día, observaba impotente cómo su cuñado se llevaba a su hija. Y ahora, como para atormentarlo aún más, lo único que podía hacer era vislumbrarla fugazmente en las noticias, y cada sonrisa le apretaba el corazón con otro nudo de frustración.
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Nota de Tac-k: Y se acaba la semana amadas personitas, pásenla súper bien. Dios les ama y Tac-k les quiere mucho. (ɔO‿=)ɔ ♥
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