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Capítulo 902:
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El tiempo se arrastraba. Desde el interior de la sala de partos llegaban los gritos de dolor de Brinley, cada uno de ellos atravesando a Austin como una navaja. Apretó los puños a los lados y sintió un nudo en el pecho. Deseaba más que nada poder ocupar su lugar y soportar cada gramo de ese dolor por ella.
Entonces, tras lo que le pareció una eternidad, resonó un llanto agudo y potente de recién nacido.
Austin levantó la cabeza de golpe, con la esperanza brillando en sus ojos.
Momentos después, el médico salió con una amplia sonrisa.
«Enhorabuena, señor Moore. Tanto la madre como la hija están sanas».
Austin por fin soltó el aire que había estado conteniendo y casi tropieza al precipitarse hacia la sala de partos.
Se dirigió a la cabecera de la cama. Al ver a Brinley —pálida, pero aún radiante— y a la diminuta y arrugada bebé a su lado, sus ojos se enrojecieron al instante. Se inclinó, tomó suavemente la mano de Brinley y dijo con voz ronca: «Brinley… gracias».
Brinley sonrió entre lágrimas.
𝖧𝗶𝗌𝗍𝗈𝗿i𝖺𝗌 q𝘶𝗲 no pоd𝘳𝗮́𝘴 𝘀оl𝘵𝗮𝘳 e𝗻 𝗇о𝘷𝘦la𝘀𝟦𝘧a𝘯.c𝘰m
«Austin, mira… esta es nuestra hija».
Austin asintió, se inclinó y le besó la frente. Luego, con sumo cuidado, tocó la carita suave de su hija, con la mirada rebosante de ternura.
«Sí», murmuró.
«Es nuestra hija».
La llamó Adora Moore: una promesa silenciosa de lo profundamente que adoraba a Brinley.
La llegada de la bebé llenó su hogar de calidez y risas. Austin se convirtió en un sentimental a tiempo completo sin dudarlo. Despejó su agenda y se quedó en casa todos los días, dedicándose por completo a su esposa y a su hija. Aprendió a cambiar pañales, preparar biberones y mecer a Adora para que se durmiera —pasando de torpe y rígido a sorprendentemente hábil, disfrutando cada segundo—. Cada vez que Brinley lo veía sosteniendo a su hija como si estuviera hecha de cristal, temeroso de usar demasiada fuerza, no podía evitar reírse.
Clarice y Félix venían a menudo. En cada visita, Clarice insistía en coger a Adora en brazos, cantándole: «Mi preciosa sobrina, ¡eres demasiado mona! Cuando crezcas, la tía te llevará a divertirte». Félix ayudaba discretamente en casa, pegado a Clarice y echando una mano donde podía. La fecha de su boda estaba fijada: justo cuando Adora cumpliera un mes.
La boda de Clarice y Félix fue sencillamente espectacular, a la que asistieron casi todos los personajes importantes de Bleron.
Mientras intercambiaban los anillos, Clarice contempló el brillante diamante que ahora lucía en su dedo. Sintió un cosquilleo en la nariz mientras las lágrimas amenazaban con derramarse. Siempre había pensado que viviría libremente y que nunca se ataría a nadie. Sin embargo, allí estaba ella, eligiendo a Félix de buena gana y de todo corazón.
Tras la ceremonia llegó la habitual ronda de bromas y burlas. Austin y Brinley se sentaron a un lado con la pequeña Adora en brazos, observando cómo se desarrollaba la diversión. Envuelta en rosa, Adora parpadeaba con sus grandes ojos oscuros ante la animada multitud, dejando escapar de vez en cuando suaves gorjeos. La gente del Club TurboVortex era la más revoltosa de todas, incitando a la pareja: haciéndoles compartir una manzana, exigiendo besos y convirtiendo el ambiente en una gran explosión de risas.
Al final, los invitados se fueron retirando poco a poco y la sala quedó finalmente en silencio.
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