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Capítulo 652:
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Pero antes de que pudiera dar más de un paso, Miguel añadió un detalle que lo cambiaba todo.
«Sin embargo, también descubrí que Allard la siguió hasta allí…»
Esas palabras apagaron la frágil llama que había comenzado a arder en el pecho de Austin, sustituyéndola por algo frío y punzante.
Así que Brinley no había ido a buscarlo después de todo. Simplemente había utilizado su ausencia como una excusa conveniente para escabullirse a las montañas con Allard. No era de extrañar que no hubiera regresado al caer la noche.
La furia se alzó en Austin como una marea sin lugar donde romper.
Se rió, un sonido tan suave que podría haber parecido gentil, de no ser por la hoja de hielo que lo atravesaba. «Es audaz».
Antes de que la noche avanzara, Austin organizó una reunión extravagante. Eligió el Nightfall Bar, el local más exclusivo de Bleron, y reservó las tres plantas.
La lista de invitados parecía un directorio del poder, cada nombre con peso en los círculos de élite de la ciudad. El nombre de Juliet estaba entre ellos.
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Austin rara vez buscaba multitudes ni se deleitaba con el espectáculo. Su decisión de organizar la fiesta causó revuelo en los círculos sociales.
La noticia se extendió rápidamente: Austin estaba curando un ánimo herido, buscando distracción en el ruido y la compañía.
En su territorio, nadie se atrevía a cruzar líneas invisibles.
Sin embargo, algunos, ávidos de favores, se acercaban con copas en alto y sonrisas ensayadas.
Austin los recibía a todos de la misma manera, vaciando cada copa de un solo trago.
Consumía el licor como si fuera una medicina para un dolor que ningún médico podía diagnosticar.
Juliet había ocupado el asiento a su lado, desempeñando con naturalidad el papel de apoyo silencioso.
Mientras veía cómo el color se desvanecía de su rostro con cada trago, la preocupación se acumulaba en su pecho.
Extendió la mano para interceptar su siguiente copa. «Austin, tu estómago no puede soportarlo. Para antes de que te hagas daño».
Mientras hablaba, levantó su propio vaso y rechazó a los invitados que hacían cola para compartir una copa, con un «no» cortés pero definitivo.
Se comportaba con un aplomo impecable, midiendo cada palabra. Encarnaba la presencia de alguien que pertenecía a su lado, la anfitriona tácita de la velada.
Los que observaban desde las mesas cercanas intercambiaron miradas elocuentes.
«Parece que Juliet ocupa un lugar privilegiado en el corazón de Austin».
«Sin duda. Es la única lo suficientemente valiente como para aconsejarle cuando está así».
Mientras tanto, en un rincón en penumbra del club, alguien sostenía un teléfono. Su pantalla retransmitía la escena a una audiencia cada vez mayor. La retransmisión llevaba un título diseñado para avivar las especulaciones: «¡Noticia de última hora! La juerga nocturna de Austin, con Juliet a su lado».
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