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Capítulo 181:
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«¿Una pelea por él, tal vez?».
Milly captó los murmullos y esbozó una leve sonrisa mientras fingía su angustia.
La ambulancia llegó chirriando justo cuando Colin llegaba, recién salido de la ceremonia de entrega de premios, con el pecho oprimido por la frustración. Quería hablar con Brinley, pero se topó con este lío. Al ver a Milly en el suelo con un rastro de sangre debajo de ella, su pulso se aceleró.
«¡Milly!». Se arrodilló a su lado, con la voz temblorosa.
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A Milly se le llenaron los ojos de lágrimas mientras le agarraba la mano débilmente, negando con la cabeza. «No culpes a la señora Moore… no fue culpa suya».
La mirada de Colin se clavó en Brinley, rebosante de acusación.
Brinley le devolvió la mirada, sin pestañear. «La ambulancia ya casi está aquí. Llévala al hospital».
Herido por su indiferencia, Colin estuvo a punto de responderle con dureza, pero los médicos llegaron con una camilla.
Mientras levantaban a Milly, ella murmuró: «Colin… no te enfades».
Mientras veía cómo la ambulancia se alejaba a toda velocidad, Colin apretó los puños y se volvió hacia Brinley, con voz cortante. «¿Cómo puedes ser tan despiadada? No puedo creer que le hayas hecho daño a una mujer embarazada».
Brinley arqueó una ceja, con un tono teñido de desdén. «Usa la cabeza, Colin. Pregunta a los testigos qué pasó realmente».
Sin palabras, Colin la vio alejarse, sintiéndose desgarrado por dentro.
En la sala VIP del hospital, Milly yacía pálida en la cama.
El médico acababa de marcharse, asegurándoles que el bebé estaba a salvo, pero insistiendo en que Milly necesitaba descansar.
Colin se sentó a su lado, contemplando su frágil estado, aún atormentado por la advertencia del médico: «Diez minutos más y podríamos haberlo perdido».
El recuerdo de la euforia de la familia al saber que era un niño no hacía más que agravar la culpa que lo inundaba como una riada.
«Colin…», Milly abrió los ojos, con una voz apenas más que un susurro. «Lo siento tanto… por hacerte preocupar…».
«No digas nada. Solo concéntrate en descansar», la interrumpió Colin, ahora con voz más suave.
Sin embargo, Milly se aferró a su mano, con las lágrimas derramándose como perlas rotas. «No le eches la culpa a la señora Moore. No es culpa suya… La culpa es mía… No fui lo suficientemente cuidadosa…»
Su voz se volvió más lastimera, y las lágrimas le corrían sin control. «Sé que todavía sientes algo por ella… pero te necesito, y nuestro bebé también te necesita. »
Sus suaves palabras le atravesaron el corazón, oprimiendo su pecho con culpa.
Contemplando su vientre redondeado y su rostro bañado en lágrimas, dejó escapar un profundo suspiro. «No voy a ir a ninguna parte. Me quedaré aquí mismo».
Un destello de astuto triunfo brilló en los ojos de Milly, rápidamente velado por una fragilidad fingida. Asintió dócilmente y se recostó contra su hombro.
Al final, ella había ganado.
Colin decidió quedarse con ella.
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