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Capítulo 174:
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Los ojos de Colin estaban fijos en la pista, posándose en Brinley mientras se asomaba por la ventanilla del coche de carreras blanco y hablaba con intensidad con un técnico. Bajo las luces brillantes, su perfil se recortaba con nitidez, su expresión concentrada y precisa.
Tras un momento, apartó la mirada y negó ligeramente con la cabeza antes de responder a Milly: «No hace falta. Nos quedaremos aquí y lo veremos».
Milly se tensó, sintiendo una creciente inquietud en el pecho.
Conocía a Colin demasiado bien. Por fuera, mostraba un comportamiento amable, pero en el fondo admiraba la fuerza y la audacia. Si realmente veía la actuación de Brinley en la pista…
Justo entonces, una oleada de vítores recorrió las gradas.
Brinley ya se había subido de nuevo a su coche, ajustándose el casco y bajando la visera con un movimiento fluido y decidido. La mirada de Colin se quedó fija en el vehículo blanco, con la curiosidad claramente despertada.
Aquella imagen hizo que a Milly se le oprimiera el pecho con incomodidad. Su sonrisa se congeló, apenas manteniéndose.
𝗥𝗼𝗺𝗮𝗻𝗰𝗲 𝘆 𝗽𝗮𝘀𝗶𝗼́𝗻 𝗲𝗻 𝗻𝗼𝘃𝗲𝗹𝗮𝘀𝟰𝗳𝗮𝗻.𝗰𝗼𝗺
Un anuncio retumbó por los altavoces. «Atención, pilotos. La final está a punto de comenzar. Por favor, diríjanse a la parrilla de salida».
Uno al lado del otro, los coches blanco y negro se colocaron en sus posiciones. A través de la ventanilla, la visera reflectante de Austin reflejaba la luz, ocultando su expresión.
Brinley miraba fijamente al frente, con las yemas de los dedos golpeando ligeramente el volante, como si estuviera calculando tiempos y ángulos en su mente.
En las gradas, el frenesí de las apuestas se duplicó de nuevo. Algunos aficionados creían que Nightblade ganaría, mientras que otros habían cambiado de bando y coreaban el nombre de Brinley.
Y entonces comenzó la final.
Una docena de coches salieron disparados de la línea de salida como flechas lanzadas desde cuerdas tensas. En la primera curva, dos coches chocaron en una lucha por el carril interior. Las chispas volaron, provocando exclamaciones de sorpresa entre la multitud.
Brinley giró bruscamente el volante, esquivando el accidente por centímetros.
Pero Ballard aprovechó el caos en su beneficio, desviándose agresivamente hacia su trayectoria.
Su coche blanco se sacudió violentamente, balanceándose tan cerca del muro de seguridad que casi lo rozó.
Colin se levantó de un salto de su asiento, agarrándose a la barandilla con tanta fuerza que se le pusieron blancos los nudillos. Se le oprimió el pecho al ver a Brinley luchando en medio del caos.
Nunca la había visto así: no era la mujer tranquila y sumisa que una vez estuvo a su lado, sino alguien feroz, salvaje e indómita.
«¿Por qué se está exigiendo tanto…?» murmuró con voz ronca, las palabras se le escaparon antes de que pudiera detenerlas.
Milly lo oyó. Se clavó las uñas en la palma de la mano, aunque su rostro mostraba una preocupación fingida. «Las carreras son demasiado peligrosas, Colin. Mira esta locura. ¿Quizá deberíamos irnos antes de que pase algo?».
Pero Colin la ignoró por completo, con la mirada fija en la pista.
Los recuerdos afloraron, sin que él pudiera evitarlo.
Recordó a Brinley sonriendo una vez y diciéndole: «Tengamos un bebé». Y, sin embargo, en ese mismo momento, se había dejado envolver por la dulzura de Milly, volviéndose frío y desdeñoso con Brinley. El dolor de esa revelación lo atravesaba ahora.
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