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Capítulo 948:
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Un ramo asomaba desde su agarre. ¿Serían esas flores para él?
La esperanza destelló en el rostro de Derek por un momento.
Acercándose a la cama del hospital, Allison extendió el ramo hacia su abuela.
“¡Sorpresa! Abuela, ¿recuerdas que el otro día dijiste que querías flores? Las escogí especialmente para ti. ¿Qué te parecen?”
Margaret soltó una ligera risita. “¡Me encantan! Honestamente, con cualquier cosa que me trajeras me alegraría.”
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Apretó el ramo contra su pecho, con la sonrisa abriéndose hasta que sus ojos casi desaparecieron entre pliegues de alegría.
“Tú y Madison son las únicas que nunca se olvidan de mí”, añadió con calidez.
Desde que se aclaró el malentendido con Zane, él pasaba de vez en cuando, pero los asuntos de la empresa siempre lo jalaban de vuelta demasiado pronto. Y los demás raramente visitaban.
“Claro que pienso en ti”, respondió Allison suavemente. “Eres mi abuela.”
El espectáculo le hizo caer los hombros a Derek. Las flores no habían sido para él después de todo.
Al captar su expresión desanimada, Allison ladeó la cabeza. “¿Por qué me miras así? Llevas mucho rato mirándome.”
“No es nada”, respondió Derek, con los rasgos endureciéndose mientras la voz se tornaba fría.
Allison reprimió una sonrisa. Claramente anhelaba un regalo, pero el orgullo no le permitía admitirlo. Así que decidió seguirle la corriente. Esta sería su silencioso duelo.
“Bueno, ya viste a mi abuela hoy. Ya puedes irte.”
Con un gesto displicente, lo empujó hacia la puerta y la cerró detrás de él sin vacilar.
De pie en el pasillo, Derek se quedó junto a la pequeña ventana de vidrio. Desde ahí observó a Allison y a Margaret riendo juntas, su pequeño mundo privado cerrándole la puerta en la cara.
Eligiendo sus palabras con cuidado, Rylan se acercó. “Señor, quizás solo ha estado rebasada. La gente olvida cosas cuando la vida se apila. ¿Quiere que le deje una pequeña insinuación?”
El semblante de Derek se oscureció. “No. ¿Qué lograría eso? ¿Obligarla a murmurar ‘feliz cumpleaños’?”
La sola idea de esas palabras, vaciadas de sinceridad, le resultaba sin sentido. Nada se sentía peor que un cumpleaños reconocido solo porque a alguien se lo recordaron.
Cuando Rylan echó un vistazo hacia la puerta, la perplejidad le cruzó el rostro. Allison nunca había dejado pasar el cumpleaños de Derek.
Su divorcio ni siquiera tenía un año. ¿Cómo podía su memoria desvanecerse tan rápido? Sin decir más, Derek giró sobre sus talones y se marchó.
Más tarde, Allison salió de la habitación de Margaret, esperando verlo sentado en su silla habitual del pasillo, tecleando en la laptop. En cambio, el asiento estaba vacío.
Apretó los labios, frunciendo el ceño. ¿De verdad se fue así nomás? Bueno, siempre podía llamarle después. Eso lo compensaría.
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