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Capítulo 919:
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La familia del paciente y los curiosos se agitaron aún más cuando escucharon esto.
Algunos hasta empezaron a lanzarle insultos a Allison, exigiéndole a gritos que realizara la cirugía.
El plan del hospital era usar la presión pública para obligarla a ceder, manchando así su reputación.
Era una táctica verdaderamente vergonzosa y rastrera.
“Los familiares conocen mejor al paciente. No tiene sentido que yo haga la cirugía. Por favor, déjenme pasar”, dijo Allison con firmeza.
Un familiar, claramente al límite, estalló: “¡Pero usted tiene una habilidad increíble! ¡Ha salvado a tanta gente! ¿Por qué no puede salvar a mi hermano? ¡Puede salvarlo!”
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Una niña pequeña corrió hacia ella, envolvió sus pequeños brazos alrededor de su pierna y sollozó: “Por favor… salva a mi papá. ¡Por favor!”
La voz desesperada de la niña resonó en los oídos de Allison, aguda y desgarradora.
Apretó los puños, con los nudillos blancos.
Si pudiera salvarlo, ya lo habría hecho.
Los susurros de los curiosos se fueron volviendo más crueles con cada segundo que pasaba.
“No puede salvar ni a un hombre, y sin embargo presume de lo increíble que es. Qué ridículo.”
“Sí, no creo que sepa lo que está haciendo. Si supiera, ¿por qué le tendría tanto miedo a operar?”
“¿No se puede denunciar a médicos así? Imagínate que te toque alguien como ella cuando estás enfermo. Qué maldición.”
Sus murmullos crueles, mezclados con las súplicas de la familia, calaban hondo, como una cuchilla en el pecho de Allison.
Ella quería salvar vidas. Quería salvar a su abuela. Pero había enfermedades en este mundo contra las que ni los médicos podían hacer nada.
No tenía cura que ofrecer.
Su silencio solo echaba más leña a la furia de la familia. Les habían dicho que las habilidades médicas de Sky eran de reconocimiento mundial.
La gente la llamaba orgullosa, cara y selectiva con los casos que tomaba. Algunos médicos incluso insinuaban que si lloraban lo suficiente, quizás se ablandaba y accedía a la cirugía.
Pero sin importar cuánto suplicaran, la mujer permanecía fría e inamovible.
De repente, un joven sacó un cuchillo de cocina y se lanzó directamente contra Allison, apuntando a su costado.
“¿Qué clase de médica eres? ¡Te puedes morir junto con mi papá!”
Todo sucedió tan rápido que nadie tuvo tiempo de reaccionar.
Allison giró rápido para esquivarlo, y en el siguiente instante fue jalada hacia un abrazo firme y protector.
Levantó la vista, directo hacia la mandíbula afilada de Derek.
Su rostro era pétreo mientras la rodeaba con un brazo por la cintura, mientras el otro atrapó la muñeca del atacante en el aire, deteniendo el golpe sin ningún esfuerzo.
El hombre gritó de dolor, el cuchillo se le resbaló de los dedos y cayó al suelo con un estruendo.
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