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Capítulo 843:
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No podía curarla por completo, pero quería ayudar a Margaret a encontrar la paz antes del final.
De vuelta en su habitación, Allison se duchó rápidamente y se sumergió en la cama, perdida en sus pensamientos.
Madison se sentó en el borde del colchón, secándose el pelo en silencio con una mirada concentrada en su rostro.
Allison apoyó la barbilla en las manos. Había empezado a ver a Zane tal y como era realmente después de mudarse a su casa.
Cuando su padre aún vivía, Zane había sido cálido y cariñoso. Pero una vez que su padre falleció, la vida se había convertido en una lucha constante.
Cualquiera podía meterse con ella, y Zane siempre hacía la vista gorda.
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Era el patriarca todopoderoso de la familia Clarke, pero se negaba a compartir ese poder o prosperidad con Margaret o con ella.
Al final, encerrar a Margaret, que padecía demencia, en esa pequeña casa no había sido una decisión de última hora. Había sido una medida planeada desde hacía mucho tiempo. Hacía tiempo que había dejado de fingir.
Allison supuso que su resentimiento debía de haber comenzado cuando su padre dividió la propiedad.
Pero Margaret había dicho que la división era justa.
Zane recibió su parte, varias empresas y activos, mientras que Darrion se quedó con Clarke Group.
Margaret dijo una vez que Zane no era hábil para gestionar negocios y que darle Clarke Group lo habría arruinado.
No se equivocaba: Clarke Group nunca volvió a prosperar bajo su liderazgo. Las ganancias habían caído en picado año tras año.
Sin embargo, Zane se negaba a aceptarlo. Incluso había arrastrado al despistado Elliot a la empresa.
Margaret había hecho todo lo posible por criar a sus dos hijos de forma justa, sin mostrar nunca favoritismos.
Habían crecido tal y como ella esperaba, hasta que todo se vino abajo.
Los ojos de Allison se oscurecieron y se volvieron pensativos. A veces, la vida era realmente demasiado frágil ante los desastres y las desgracias que llegaban sin previo aviso.
¿Cuándo había empezado Zane a odiar a su madre y a su hermano?
Ya no importaba. Lo único que Allison quería era que Zane y Margaret hicieran las paces antes de que fuera demasiado tarde.
Madison apagó el secador y comenzó a cepillar suavemente el cabello de Allison, cuyos mechones brillaban bajo la luz.
Allison se dio la vuelta y la miró directamente. «Madison, ¿cuándo piensas en mí?».
«Siempre. En plena noche, en los momentos en que me siento perdida, cuando la tristeza se apodera de mí… Desearía que estuvieras a mi lado».
Madison se tumbó a su lado. La chica tímida y enfermiza que solía ser había desaparecido hacía mucho tiempo. Ahora brillaba, segura de sí misma, llena de vida y rebosante de luz.
«Lo entiendo, Madison. Ahora duerme».
Zane regresó a su habitación, con la rebeldía de su sobrina ardiendo como fuego en su pecho.
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