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Capítulo 807:
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Las rodillas le fallaron. Por un momento, sintió como si el suelo fuera a ceder bajo sus pies.
Respirando con dificultad, Lauryn reunió fuerzas para recogerlas. Las primeras eran todas de Colden, algunas posadas, otras espontáneas, captadas desde todos los ángulos.
Debajo había fotos de hombres que no reconocía. Todos guapos. Diez en total, lo que explicaba la gran pila.
¿Quién había dejado esas fotos a la vista?
Su rostro se puso pálido como el de un fantasma. Temblaba por todo el cuerpo.
Preocupada por que Zane pudiera bajar, rápidamente recogió las fotos, encontró una bolsa de plástico en la cocina y las tiró a la basura junto con los residuos de la cocina.
Bebió medio vaso de agua de un trago, tratando de ralentizar el frenético ritmo de su corazón.
¿Las fotos se habían dejado allí por accidente o a propósito?
¿Por qué alguien las dejaría a la vista en la mesa del salón? Si Zane las hubiera visto en lugar de ella…
Ni siquiera quería imaginar lo que podría haber pasado.
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Después de recomponerse, Lauryn volvió tambaleándose al dormitorio. En el oscuro rincón de las escaleras, Allison permanecía en silencio, observando cómo Lauryn desaparecía.
¿Se había alterado tanto solo por ver unas cuantas fotos? La diversión no había hecho más que empezar.
Se encargaría de que todo saliera exactamente como ella quería.
Silenciosa como un susurro, subió las escaleras como una sombra que se fundía en la oscuridad. A la mañana siguiente, cuando Allison bajó a desayunar, vio a Lauryn sentada a la mesa con profundas ojeras, como si apenas hubiera pegado ojo.
Elliot, abrochándose la camisa y preparándose para ir al trabajo, la miró y comentó con la boca llena de tostadas: «Mamá, ¿no has dormido esta noche? Tienes unas ojeras brutales».
Zane frunció el ceño. «¿No has dormido?».
Lauryn parpadeó y volvió a la realidad. «No, he dormido. Pero… no muy bien». Cada vez que cerraba los ojos, la pesadilla volvía a ella: Zane, descubriendo la verdad sobre Colden, abalanzándose sobre él con un cuchillo. Ella intentó detenerlos, pero la hoja acabó clavándose en su propio estómago.
La pesadilla la había dejado empapada en sudor frío, y cada vez que cerraba los ojos, esa escena sangrienta volvía a ella como una maldición de la que no podía librarse.
«Madison, ¿has visto las fotos que hay sobre la mesa?».
Allison no estaba dispuesta a dejarla escapar tan fácilmente. Con una sonrisa pícara, le hizo la pregunta, observando cómo Lauryn temblaba.
Era raro ver a Lauryn tan asustada.
Normalmente, era Lauryn la que la metía en la habitación oscura y la acosaba sin piedad.
Madison negó rápidamente con la cabeza. —No. Las fotos estaban aquí anoche, pero esta mañana han desaparecido.
Zane le lanzó una mirada impaciente. —¿De qué fotos estás hablando?
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