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Capítulo 796:
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Un poco nerviosa, escondió la mano y preguntó: «La última vez me fui sola. ¿Tu madre dijo algo?».
Él soltó una risa triste. «No, pero sí me echó la bronca. Dijo que, aunque nos peleemos, no debería dejarte irte sola y que más me valía tragarme mi orgullo y disculparme primero».
Allison se dio cuenta de por qué Grayson no estaba enfadado: su madre había hablado con él.
«Allie, nunca fue mi intención dejarte atrás aquella noche».
Grayson se vio envuelto en sus historias, olvidando por completo la pregunta que quería hacerle.
Esto, estos momentos de tranquilidad, esta conversación sin esfuerzo, era exactamente lo que imaginaba cuando pensaba en estar con Allie.
𝖱𝖾𝖼𝗈𝗆𝗂𝖾𝗇𝖽𝖺 𝗇𝗈𝗏𝖾𝗅𝖺𝗌𝟦𝖿𝖺𝗇.𝖼𝗈𝗆 𝖺 𝗍𝗎𝗌 𝖺𝗆𝗂𝗀𝗈𝗌
Su conversación pasó de un tema a otro, y el tiempo se les escapó hasta que el reloj marcó las dos de la madrugada.
Allison se terminó el café y el sueño se apoderó de ella mientras se recostaba contra la ventanilla del coche, con los párpados pesados por el cansancio.
—Descansa un poco. Buenas noches —murmuró Grayson.
«Buenas noches», murmuró Allison, ya medio dormida, con la cabeza apoyada suavemente contra el cristal.
Grayson le apoyó la cabeza con delicadeza sobre su hombro, le cubrió con la manta y la observó con tranquila ternura.
Su respiración suave y regular le rozaba la piel, un delicado calor que le provocó un sutil escalofrío.
Una profunda sensación de gratitud le invadió el pecho, por la oportunidad que ella le había dado. Pasara lo que pasara después de esa noche, él sabría que no la había desperdiciado.
Más allá de las ventanillas, el mundo estaba sumido en la oscuridad, pero dentro del coche parecía como si estuvieran envueltos en su propio refugio de calor.
Allison parpadeó al despertar, segura de que solo había dormido un momento, y se incorporó, reprimiendo un bostezo. Instintivamente, se llevó la mano a los ojos para frotárselos, pero se detuvo al recordar la obstinada capa de maquillaje que aún no se había quitado. Buscó un pañuelo y se limpió con cuidado las comisuras de los ojos.
—¿Qué hora es? —preguntó.
—Casi las siete.
Afuera, el amanecer se asomaba con renuencia: el cielo apenas comenzaba a palidecer y las luces de la calle aún mantenían el mundo en sombras.
«Toma, bebe un poco de agua». Grayson le entregó una botella de agua.
«Gracias».
Se refrescó lo mejor que pudo y, cuando terminó, la luz del día se colaba por las ventanas del coche, desterrando los últimos restos de la noche.
Allison salió al exterior levantando la barbilla mientras contemplaba las montañas.
El amanecer se desplegó lentamente, pintando el horizonte de naranjas y rojos brillantes. Cada nuevo rayo derretía la niebla y hacía brillar el aire.
Una paz silenciosa se apoderó de ella; cada vez que presenciaba un amanecer como este, algo inquieto en su interior se calmaba.
Grayson cogió en silencio su cámara, hipnotizado por la forma en que la luz del sol doraba el paisaje… y a ella.
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