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Capítulo 746:
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Derek no le dirigió ni una palabra más a Kaylyn. Simplemente se volvió hacia Leo y le dijo: «Encárgate tú de esto».
Incluso después de que ambos hombres desaparecieran por la puerta, los sollozos de Kaylyn llenaban la habitación.
Leo se acercó lentamente, agachándose a su lado para ofrecerle una mano, pero ella lo empujó con fuerza.
«¡Piérdete! No necesito tu falsa compasión».
Volvió a derrumbarse, con lágrimas corriendo por su rostro arruinado, el maquillaje corrido y manchado.
«Te rogué que no dijeras nada, y tú seguiste adelante sin pestañear. Te odio, Leo. Ojalá estuvieras muerto. ¡Ojalá nunca hubieras sabido nada!». Su voz temblaba de rabia y dolor. El dolor en su pecho se derramaba en cada palabra.
El rostro de Leo se ensombreció ante sus acusaciones. Una fría expresión se apoderó de él.
Se puso de pie y la miró con indiferencia. —Dejemos una cosa clara, Kaylyn. No te debo absolutamente nada. Jugaste conmigo, te quedaste embarazada de mi hijo y me dejaste completamente al margen. Me utilizaste para abrirte camino hacia la riqueza. ¿De verdad pensabas que no me daría cuenta?
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Quizás aquella noche había sido tan tonto como para prestarle más atención de la debida. Quizás incluso había sentido un poco de lástima por ella. Pero eso no era suficiente para hacerle sacrificar a la familia Morales.
«Por tu culpa, he perdido mi amistad con Derek. Por tu culpa, todo se ha ido al garete». Su voz se volvió despectiva. «Kaylyn, ¿crees que puedes seguir engañando a todo el mundo? Cuanto más juegues con los corazones de las personas, antes te manipularán. Mírate. ¿No eres la prueba perfecta?».
Leo se marchó, dejando a Kaylyn sola en la sala privada, sollozando en el vacío.
Al final, llamó a Rubén y le pidió que la llevara a casa.
Su aspecto —despeinada, con el rostro bañado en lágrimas y derrotada— dejó atónita a su familia. Nanette se apresuró a acercarse y le secó las lágrimas. —Kaylyn, estabas bien cuando te fuiste. ¿Qué ha pasado?
Ruben apretó los puños. —¿Te ha hecho daño Derek? Dímelo y yo mismo me enfrentaré a él.
Brixton espetó: —¡No seas ridículo!
Entonces sus ojos se posaron en la expresión abatida de Kaylyn. «Kaylyn, dime qué ha pasado».
Ella se mordió el labio, decidiendo no confesar que el bebé no era de Derek. Solo dijo que Derek había regresado del extranjero y que ahora planeaba romper el compromiso.
«Aunque la familia Stevens no pueda igualar a la familia Evans, no dejaremos que traten así a nuestra hija. Esto es demasiado».
Brixton hervía de rabia, ansioso por enfrentarse a Derek. ¿Qué derecho tenía ese hombre a deshonrar así a su hija?
No se trataba solo de orgullo, sino de la reputación de Kaylyn en todo Oregend.
«Kaylyn, no tengas miedo. Siempre te apoyaremos. Estás embarazada de Derek. No creo que pueda marcharse así sin más. Mañana iré a enfrentarme a él».
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