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Capítulo 744:
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Lo hizo, y en el momento en que Leo cruzó la puerta, se le fue todo el color de la cara. ¿Por qué él?
Miró detrás de él, con la esperanza de ver a Joseph o a alguien más. Pero solo estaba Leo.
«Derek», lo saludó Leo con su tono habitual. «Rylan me dijo que me invitabas a tomar un café. Debes tener algo que discutir, ¿verdad?».
Desde el momento en que entró, Leo sintió que algo no estaba bien, especialmente con Kaylyn, que parecía haber estado llorando.
Una fuerte sensación de inquietud se apoderó de él mientras se sentaba en un asiento cerca de ellos.
—¿Por qué llevas gafas de sol en un lugar cerrado?
—Me he lesionado los ojos. Ahora mismo no veo nada —respondió Derek.
En ese momento, Kaylyn le hizo una señal discreta a Leo para que mirara su teléfono. Él echó un vistazo rápido.
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Ella le había enviado un mensaje: «Derek sospecha. Ayúdame».
Sin decir una palabra, Leo bloqueó la pantalla. «¿Es grave? Si necesitas algo, dímelo».
«Leo, solo tengo una pregunta para ti. ¿El bebé de Kaylyn es tuyo?».
Leo se quedó paralizado. «¡Derek! Vamos, estás bromeando, ¿verdad? Todo el mundo sabe que Kaylyn es tu prometida. El niño que espera es tuyo. ¿Qué tiene eso que ver conmigo?». Adoptó su tono habitual y, aunque su rostro no lo reflejaba del todo, su voz sonaba suave y natural.
«Leo, sabes que no hablo a menos que esté seguro. ¿No mencionaste que el negocio familiar ha ido bien últimamente? Al Grupo Evans le vendría bien una nueva filial. ¿Qué tal si adquirimos la tuya?».
La amenaza estaba ahí, clara como el agua.
Leo se puso tenso. La empresa de su familia lo era todo para ellos. Preferían quebrar antes que cederla.
En el pasado, gracias a su amistad con Derek y al apoyo del Grupo Evans, el negocio había prosperado.
¿Era eso? ¿Derek había decidido atacar?
—Derek, tienes que estar bromeando. No aceptamos adquisiciones. Por favor, no digas cosas así, me vas a provocar un infarto.
Kaylyn intervino rápidamente. —Derek, apenas lo conozco. Él no tiene nada que ver con esto. Cuando nazca el bebé, podremos hacer una prueba de paternidad. Eso lo resolverá todo.
—No creo que pueda esperar tanto —respondió Derek.
Kaylyn abrió sus labios rojos, pero las palabras se le congelaron en la lengua.
«Leo», dijo Derek con frialdad, «esta es tu última oportunidad. O la empresa o la verdad. Elige».
Derek no estaba preocupado en absoluto. Conocía los puntos débiles de Leo mejor que nadie.
A Leo nunca le importaron mucho las mujeres. ¿Pero su negocio? Eso era su corazón y su alma.
Los ojos de Kaylyn se llenaron de lágrimas frescas mientras negaba con la cabeza a Leo, rogándole en silencio que no la traicionara.
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