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Capítulo 489:
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Mientras tanto, las lágrimas de Allison se deslizaron por sus pestañas y ella agarró el pañuelo que Madison le tendió, secándose los ojos.
Respiró hondo y finalmente se dio la vuelta. En cuanto Margaret vio su rostro, se quedó paralizada. «¿Allie?».
Su voz tembló bajo el peso del reconocimiento y se le humedecieron los ojos.
Allison llevaba desaparecida desde un accidente en un crucero hacía tres años. Ese momento había fracturado su mundo, dejando su memoria en pedazos.
Últimamente, su lucidez había vuelto en fragmentos, permitiéndole recuperar rostros familiares y viejos recuerdos.
A pesar de todo, no sentía rencor hacia Zane por mantenerla recluida allí.
Su vida, aunque limitada en libertad, seguía siendo tranquila y ajena al caos. Los pensamientos sobre Darrion y su esposa rara vez salían a la superficie, pero cuando lo hacían, llegaban silenciosamente, empapando su almohada durante las horas más solitarias de la noche. En los días en que su memoria era nítida, nadie había mencionado nunca nada sobre Allison.
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«¿Eres Allie? ¡Eres tú de verdad!», dijo Margaret, extendiendo la mano y estrechando las de Allison como si temiera soltarlas.
Inclinándose suavemente, Wanda le susurró a Allison: «Tu abuela no sabe por lo que has pasado».
Los ojos de Margaret se llenaron de incredulidad mientras observaba a la chica que tenía delante, abrumada por la visión y por su propia culpa.
Allison se arrodilló y dejó que las lágrimas cayeran libremente, con la mirada fija en el rostro de su abuela. «Abuela, estoy aquí. He vuelto».
Margaret soltó un sollozo, seguido rápidamente por una risa temblorosa. «Estás en casa, eso es lo único que me importa. Pero Allie, ¿dónde has estado todo este tiempo?».
A pesar de que las lágrimas le resbalaban por las mejillas, Margaret instintivamente extendió la mano y le secó las lágrimas que brotaban de los ojos de Allison.
«No más lágrimas, cariño. Este debería ser un momento feliz».
Con un suspiro tembloroso, Allison asintió levemente con la cabeza, tratando de estabilizar su voz. —Está bien, no más lágrimas. Pero solo si prometes que tú tampoco llorarás.
Las risas y las lágrimas se mezclaron entre la abuela y la nieta, mientras Wanda y Madison permanecían de pie cerca, con los ojos brillantes de emoción.
Más allá del jardín, el viento traía un frío cortante, pero el sol brillaba sobre Allison y Margaret, envolviéndolas en una suave y dorada calidez.
Allison relató cuidadosamente los acontecimientos de los últimos tres años, con una expresión llena de culpa.
«Abuela, debería haber vuelto. Si hubiera sabido que estabas enferma, no me habría quedado lejos».
Margaret extendió la mano y la posó suavemente sobre la cabeza de Allison, con firmeza y tranquilidad.
«Allie, nunca podría echártelo en cara. Saber que estás a salvo es más que suficiente para mí».
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