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Capítulo 477:
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Por primera vez en su vida, Elaine comprendió que no tenía por qué entregar su futuro a la voluntad de otra persona. Ella podía ser quien tomara las decisiones. Su mente volvió a aquella noche en la autopista, con los brazos alrededor de Xavier mientras la motocicleta avanzaba a toda velocidad por la carretera. El ruido del viento era ensordecedor, pero nada ahogaba los latidos salvajes de su propio corazón.
Justo cuando había empezado a establecer vínculos reales, las circunstancias los habían separado. Derek miró su reloj, viendo cómo pasaban los segundos. Cuando la aguja marcó las doce, Elaine finalmente rompió el silencio.
«He tomado una decisión, Derek. Estoy lista para irme contigo».
La voz de Pamela temblaba, su angustia era evidente. «Elaine, ¿cómo puedes decir eso?». Pero Elaine no vaciló. «No puedo seguir viviendo encerrada, obligada a hacer cosas que no me importan. Quiero la libertad de tomar mis propias decisiones, de vivir mi vida según mis propios términos». A pesar de las súplicas de Pamela entre lágrimas, Elaine siguió a Derek, con su determinación inquebrantable.
Siempre sería su hija, pero también era una persona independiente. A partir de ahora, sería dueña de su propia historia, abrazaría su independencia y decidiría su propio camino.
En la puerta, se detuvo para mirar atrás, al lugar que había sido su hogar durante tantos años. Luego, con la respiración tranquila, dio un paso hacia el mundo exterior. Por encima de ella, un pequeño pájaro se elevó hacia el cielo abierto, con las alas extendidas, saboreando la libertad por primera vez.
Derek llevó a Elaine de vuelta a Beledge Manor, donde se quedaría durante un tiempo. «La habitación de invitados está lista, gracias a Edgar. Si necesitas algo, no dudes en pedírselo», dijo Derek con paciencia mientras entraban en el cálido abrazo de la sala de estar.
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Con una sonrisa cortés, Edgar les sirvió a cada uno un vaso de agua. «Hola, soy Edgar».
Elaine sonrió dulcemente. —Encantada de conocerte, Edgar.
Baldrick entró en la habitación con un botiquín en las manos. —Muy bien, ¿quién es el paciente de hoy?
—Por favor, revisa a Elaine —respondió Derek.
La calidez del interior hacía que el espacio resultara acogedor. Desde su llegada, ya se habían quitado la ropa de abrigo y se habían acomodado cómodamente.
Elaine llevaba una blusa blanca que resaltaba su elegante silueta. Saludó con la mano rápidamente. «De verdad, estoy bien. No hace falta que me examines».
Aunque reconocía las buenas intenciones de Derek, prefería evitar que la examinaran.
Después de lo que había pasado con su madre antes, no estaba dispuesta a arriesgarse a revelar nada que pudiera hacer quedar mal a su madre delante de Derek.
Derek la miró con determinación. «Elaine, quedarte aquí significa cuidar de ti misma. No es opcional. Es por tu seguridad».
Esa insistencia tomó a Elaine por sorpresa. La preocupación de Derek no era falsa ni controladora, era genuina, del tipo que protege, no que manipula. Antes de que ella tuviera oportunidad de hablar, Baldrick ya había comenzado su examen.
Le subió suavemente la manga, lo que provocó exclamaciones de sorpresa en todos los presentes. El brazo de Elaine era un mapa de dolor: moretones de color púrpura oscuro de hacía días, junto con otros más recientes, rojos y aún supurantes.
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