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Capítulo 422:
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Nunca imaginó algo tan cruel. Sin movimiento, sin sonido, solo una chica atrapada en el silencio y el miedo, sin saber qué nuevo horror le esperaba a continuación. Al intentar imaginarse en su lugar, se dio cuenta de que no habría aguantado más tiempo que ella.
De alguna manera, ella seguía consciente. Eso por sí solo decía mucho de su fortaleza.
«Tocas el piano, ¿verdad? Estas manos están hechas para ello». La voz de Kaylyn era casi pensativa mientras se colocaba detrás de Madison y levantaba ambas manos.
Sus dedos no tenían ninguna aspereza. Eran delgados, suaves, sin marcas de trabajo. Por un momento, Kaylyn acarició con los dedos los de Madison, admirando su suavidad. Entonces, sin previo aviso, agarró el dedo índice derecho de Madison y lo dobló hacia atrás con una fuerza brusca y deliberada.
Un gemido sordo brotó de la garganta de Madison cuando el dedo se dobló mucho más allá de su límite, arqueándose en una forma que ninguna articulación debería adoptar jamás.
El dolor la golpeó como un rayo y le pareció oír un crujido bajo la presión.
Con una sonrisa burlona, Kaylyn colocó la palma de la mano sobre los dedos restantes de Madison y comenzó a empujarlos hacia atrás, lenta y cruelmente.
Un chasquido y Madison nunca volvería a tocar las teclas del piano. Ese futuro se esfumó en un segundo.
En la mente de Kaylyn, la destrucción estaba justificada. Una chica patética como Madison, que perseguía la sombra de Allison, nunca lograría nada por sí misma.
Justo cuando la presión final comenzaba a doblar los dedos hasta el punto de romperse, la puerta se abrió de golpe: uno de los hombres de Rubén entró corriendo.
—¡Malas noticias! Acaban de aparecer muchos policías. ¡Parece que vienen a por nosotros!
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El pánico se apoderó de Ruben como una ola. «Kaylyn, tenemos que salir de aquí. Sin duda han venido a por ella».
La urgencia también llegó a sus oídos. Kaylyn se puso en pie y echó un vistazo a la chica, que yacía casi inconsciente en la silla.
«Son rápidos. Pero ¿por qué tenemos tanta prisa por irnos?». Se volvió hacia el chico que había irrumpido en la habitación. «¿Quién ha venido con ellos?».
—Unos tipos vestidos de civil y una mujer muy elegante. Pero hay un hombre con traje, se nota su autoridad con solo mirarlo.
Kaylyn soltó una risa suave y divertida. —¿Mi prometido ha venido hasta aquí? Bueno, entonces sería descortés no saludarlo.
La palabra dejó atónito a Ruben. ¿Quedarse? ¿Ni siquiera pensaba en huir?
Kaylyn no pasó por alto su expresión. «Lánzala a algún lugar lejano. Asegúrate de que no la rastreen hasta ti».
Con eso, se deslizó hacia la puerta, como si estuviera llegando a una gala y no huyendo de la escena de un crimen. «Vamos. Es hora de «encontrarnos» con mi prometido».
Dentro del vehículo que circulaba a toda velocidad, Allison estaba rígida, con las manos apretadas en su regazo y los labios apretados en silencio.
Sus pensamientos no tenían cabida para nada más que Madison. Esto no era solo un ataque a Madison; en el fondo, sabía que ella era el verdadero objetivo.
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