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Capítulo 336:
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Allison bajó la mirada por un momento. «Ese nunca fue mi objetivo».
En aquel entonces, aprender medicina era una cuestión de supervivencia: solo la estudiaba para curarse a sí misma. Después de todo lo que su tío le había quitado, lo único que quería era recuperar lo que era suyo, y esta vez nada la detendría.
Tyson observó a Allison con silenciosa atención. Con habilidades como las suyas, casi parecía una pérdida que no se dedicara a la medicina a tiempo completo. «Si alguna vez decidieras dedicarte por completo a la medicina, no creo que nadie pudiera ignorar tu nombre».
Una sonrisa se dibujó en los labios de Allison. «Tyson, no esperaba que fueras tan dulce bajo esa apariencia fría».
Nadie le había dicho nunca algo así. Su burla se deslizó suave e inesperada, como el viento rozándole la oreja.
El calor le subió por el cuello, llegando hasta las orejas, y por un segundo, incluso sus pestañas temblaron.
Él no se dio cuenta, pero sus orejas se habían puesto rojas como tomates.
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Xavier lo vio mientras comía y casi se atraganta: la reacción de Tyson era demasiado buena como para no reírse.
Allison se volvió hacia Jameson y le dijo en tono burlón: «Ahora entiendo por qué trajiste a Tyson. Es inteligente, elocuente y claramente bueno en lo que hace. Debes estar muy orgulloso».
Sonriendo, Jameson se sirvió otra ración de pasta en el plato. «Claro que estoy orgulloso. Tengo un don para elegir a los mejores».
Apenas había terminado de hablar cuando su sonrisa se desvaneció por un instante, y algo antiguo y pesado brilló en sus ojos.
Se recuperó rápidamente y sustituyó la sombra por una sonrisa alegre. —Lo único que quiero es que todos ustedes se dediquen al trabajo que realmente importa: salvar vidas. Tyson, espero grandes cosas de ti.
Tyson se enderezó en la silla. —No te decepcionaré.
—Bien. Y esta comida… absolutamente increíble. Es una pena que no pueda comer así más a menudo.
—Cuando estés en Oregend, pásate por aquí. Siempre hay un sitio libre en la mesa —sugirió Allison.
«¡Ojalá pudiera! Pero tengo una apretada agenda de conferencias por delante. Estaré volando de un extremo al otro del país. Aunque quisiera, no tendría tiempo para disfrutar de comidas como esta».
Jameson era ampliamente reconocido en el ámbito médico como un destacado experto en cardiología. Cuando no estaba ocupado en el instituto de investigación, viajaba por todo el país dando conferencias.
«Aún me queda algo de energía. Más vale usarla para algo bueno». Su tono seguía siendo ligero, pero Allison percibió un matiz más profundo en sus palabras.
Conocía a Jameson desde hacía años y había oído historias sobre uno de sus alumnos al que nunca había conocido.
Ese alumno se había formado con Jameson durante casi diez años antes de desaparecer en el extranjero tras robarle una de sus fórmulas más prometedoras.
Se la había entregado a una empresa extranjera, que luego se benefició vendiendo el medicamento terminado a su propio país a un precio inflado.
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