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Capítulo 314:
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Kaylyn levantó la barbilla. «¿Crees que voy a retroceder solo porque tú lo digas? He venido aquí por ti, Allison. La última vez te di una salida fácil. Me habría marchado si le hubieras dicho a Derek que me perdonabas. Pero no lo hiciste. ¿Y ahora? Más te vale que nadie te pille sola en esta ciudad».
Una mirada de advertencia se agudizó en los ojos de Allison. «¿Me estás amenazando?».
«Por supuesto que sí. Tengo a la familia Stevens detrás de mí, y a Derek también. Él es mío, y nadie, especialmente tú, puede cambiar eso».
«Vaya. Debe de ser agradable tener gente detrás de la que esconderse. Pero no los uses como excusa para causar caos. Si realmente te importa tanto, quizá deberías intentar controlarlo en lugar de culpar a todos los demás cuando se te escapa».
Con un exagerado movimiento de ojos, Allison dejó claro que Derek no merecía su tiempo.
Aun así, no podía evitar preguntarse: ¿era Kaylyn lo suficientemente atrevida como para llevar a cabo esas amenazas? Una mirada a la rabia que retorcía el rostro de Kaylyn le indicó que se trataba más de ladridos que de mordiscos.
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Aun así, la desesperación podía hacer que cualquiera se volviera impredecible.
«Lo pensaría mucho antes de hacer algo estúpido. No soy de las que se quedan de brazos cruzados. La familia Evans tiene influencia. Pero la familia Stevens…». Dejó la frase en el aire, y ese pensamiento inconcluso pesaba más que cualquier cosa que pudiera haber dicho abiertamente.
La forma en que Kaylyn se quedó paralizada indicaba que había entendido el mensaje alto y claro.
Puede que Allison no tuviera ese tipo de poder, pero las personas a las que atraía sí lo tenían.
Y si quería, podía empujar a Derek, o a alguien igual de influyente, a volverse contra la familia Stevens. Sin el apoyo de la familia Evans, su familia estaría pendiendo de un hilo.
Kaylyn se clavó las uñas en la palma de la mano, luchando internamente por justificar sus palabras. «Si te mantienes alejada de Derek, yo me mantendré alejada de ti».
La amargura se apoderó de ella mientras estudiaba el rostro de Allison, impecable, llamativo, aún más luminoso bajo el maquillaje aplicado con maestría.
¿Qué tipo de suerte bendecía a alguien con esa belleza desde su nacimiento?
Allison chasqueó suavemente la lengua, dando por terminada la conversación. Sus tacones golpeaban el suelo con un ritmo nítido y constante, y cada paso rebotaba en el pasillo como una advertencia que Kaylyn no podía ignorar.
Allison, radiante como estaba, tenía un encanto al que los hombres no podían resistirse. Antes había sido tan corriente. ¿Cómo había conseguido cambiar tanto después del divorcio?
¿Esa brillantez siempre había estado ahí, pero el matrimonio la había apagado?
Kaylyn sintió un nudo de resentimiento en el pecho. De repente, respirar le resultaba difícil, pero no estaba dispuesta a marcharse derrotada.
Allison se dirigió a la puerta principal, donde Xavier llevaba bastante tiempo esperándola en el coche, aparcado junto a la carretera.
—Estuve a punto de llamarte. ¿Por qué has tardado tanto? —preguntó Xavier con naturalidad mientras arrancaba el coche.
«Me encontré con Kaylyn».
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