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Capítulo 292:
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Allison no sintió ninguna compasión. Ese no era su problema.
Después de guiar a Allison al interior, Madison cerró la puerta tras ella. Xavier se quedó un momento más. Lanzó a Kaylyn una mirada de divertido desprecio. «Esa patética actuación no funcionará con Allison. Si eso es lo mejor que sabes hacer, quizá deberías probarlo con alguien más fácil de manipular, como un hombre».
Con esas palabras, cerró la puerta, dejándola sola en el silencio exterior.
Kaylyn exhaló un tembloroso suspiro mientras se secaba la humedad del rostro. El dolor le latía en las rodillas. Bajó la vista y se dio cuenta de que tenía la piel desgarrada y que la sangre comenzaba a brotar de la herida.
Apretó los puños mientras miraba la puerta cerrada, sintiendo cómo la rabia crecía en su interior como un fuego lento.
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Algún día, Allison pagaría por esta humillación.
Una vez dentro, Allison se sentó en el sofá y sintió cómo la tensión se le quitaba de los hombros al empezar a concentrarse en sus tareas.
Tenía trabajo que hacer. Como directora ejecutiva y presidenta, tenía que ultimar las ofertas de empleo y redactar los anuncios para los nuevos puestos.
Afuera, el cielo despejado había desaparecido, sustituido por un gris intenso. El aire se sentía más pesado y el viento insinuaba que algo se acercaba.
Momentos después, comenzó a llover: gotas gruesas y constantes que pronto se convirtieron en un aguacero que golpeaba contra el cristal.
La curiosidad pudo más que Xavier. Miró hacia la puerta. «Sigue ahí fuera, arrodillada. ¿Tienes idea de por qué de repente le importa tanto?».
Sin levantar la vista de la pantalla, Allison respondió secamente: «Porque de todas sus opciones, disculparse conmigo es la que menos le cuesta. Sopesó sus posibilidades y decidió que humillarse le reportaría el mayor beneficio».
Mientras Madison veía un programa educativo de televisión, se dio cuenta de que no podía seguir la conversación entre Allison y Xavier.
«Allie, ¿esa mujer horrible va a morir?», preguntó Madison, señalando al personaje de dibujos animados que temblaba bajo la lluvia.
Allison se pasó la mano por el pelo y dijo en voz baja: «No te preocupes por eso. Disfruta del programa».
¿Cómo era posible que Kaylyn, que siempre se anteponía a todo lo demás, permitiera que le hicieran daño?
Por otra parte, la salud de Kaylyn parecía resistir mejor que la suya. Cuando ambas se sumergieron en el agua aquel día, Kaylyn salió ilesa, sin un solo rasguño.
La lluvia seguía golpeando con fuerza las ventanas cuando Allison volvió a centrar su atención en la pantalla que tenía delante.
A las seis en punto, Derek regresó a la villa justo a tiempo. Sin reuniones. Sin desvíos.
Lo primero que hizo fue quitarse los zapatos empapados. Se calzó unas zapatillas antes de entrar.
Al ver a Edgar en el pasillo, le preguntó sin pensarlo mucho: «¿Dónde está Kaylyn?».
La imagen de su maniobra manipuladora de la noche anterior aún se aferraba a él, agriándole el humor de nuevo.
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