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Capítulo 262:
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Las palabras salieron de la boca de Kaylyn en un torrente frenético. «Tienes que creerme, Derek. Nunca quise que las cosas llegaran tan lejos».
«No tengas miedo, Kaylyn. Lo que fuera que quisieras hacer… es…»
«Ya es cosa del pasado». Una leve sonrisa se dibujó en los labios de Derek. «Mientras yo esté aquí, nadie vendrá a por ti».
¿Era esa su forma de decirle que estaba bajo su protección?
Cuando Kaylyn levantó la vista, su sonrisa juguetona la desconcertó más de lo que quería admitir. No parecía que estuviera mintiendo.
«Gracias, Derek».
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Algo en esas palabras le quitó el miedo del pecho. Antes de marcharse, Derek se limitó a decir: «Descansa ahora».
En cuanto se cerró la puerta, las rodillas le fallaron y se desplomó en el suelo como una marioneta a la que le hubieran cortado los hilos. El aroma tentador que emanaba de la bandeja llenaba el aire a su alrededor, pero ni siquiera eso bastaba para despertarle el apetito.
Escalofriante.
Aquella conversación la había dejado conmocionada. Derek no parecía humano en ese momento, se sentía distante, calculador, como si estuviera estudiando sus reacciones en lugar de hablar con ella.
En el fondo, ¿se estaba riendo de ella en silencio sin dejarlo ver? No estaba segura, pero se dio cuenta de que las mujeres quizá nunca habían tenido mucha importancia a sus ojos. Si no lo hubiera salvado antes, podría haber acabado descartada como el resto.
Derek la favorecía de alguna manera, pero ella sabía que no debía tomarlo como una garantía. Podía sentirlo: cada acción que realizaba era silenciosamente monitoreada, juzgada, recordada.
Darse cuenta de eso le provocó una ola de frío que le puso la piel de gallina.
Se sentía dividida e insegura. ¿Era realmente posible aferrarse a sus deseos estando tan cerca de un hombre que la aterrorizaba hasta lo más profundo?
Llamaron a la puerta y Edgar entró. —El señor Evans me ha pedido que me asegure de que se come todo, señorita Stevens.
Bajo su atenta mirada, Kaylyn cogió los cubiertos y comió con precisión robótica.
La idea de que Derek volviera a aparecer, con su expresión fría y severa, fue suficiente para que se terminara el plato.
Derek no tenía ni idea del miedo que sus palabras habían despertado en Kaylyn. Esa frialdad era solo parte de su personalidad. De vez en cuando, podía pasar por alto un desliz solo para mantener la paz. Pero a la tercera falta, no dudaba. La misericordia no era algo que repartiera libremente. Ni siquiera Kaylyn estaba exenta de esa regla.
Ofrecía amabilidad, pero solo a aquellos que sabían cuándo seguir las reglas.
Bajo el chorro de agua caliente, se recostó, dejando que lavara sus pensamientos. La mayoría de las mujeres que vislumbraban su lado oscuro nunca lo olvidaban, y Kaylyn, que se consideraba cercana a él, reaccionaba de la misma manera.
No, había una excepción.
Con una respiración aguda, abrió los ojos y el recuerdo de ese momento volvió con claridad. Fue hace aproximadamente un año, recién salido del coma, recién nombrado al frente del Grupo Evans y ya puesto a prueba durante una negociación comercial.
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