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Capítulo 225:
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Sin saber que otra persona había comenzado a conspirar contra ella, Allison permaneció inmóvil en la cama del hospital. Sus pesados párpados se agitaron cuando forzó los ojos para abrirlos, solo para encontrarse con el resplandor cegador del techo estéril que tenía encima. En el momento en que intentó moverse aunque fuera ligeramente, un dolor agudo recorrió su cuerpo. Su cabeza daba vueltas y su visión se agitaba como un torbellino de estrellas.
Un gemido silencioso se escapó de sus labios, llamando la atención de quienes esperaban cerca. En un instante, Madison, Xavier y Melody se acercaron a su cama.
—Allie, gracias a Dios —murmuró Melody con voz suave—. No intentes moverte. Tienes una conmoción cerebral; demasiado movimiento podría provocar náuseas o empeorar el dolor de cabeza.
Los ojos de Madison se llenaron de alivio. —¡Estás despierta! Estaba tan asustada, Allie. ¡No sabía qué hacer!
Xavier, que no había hablado mucho desde el incidente, finalmente soltó el aire que había estado conteniendo. —Estás despierta. Eso es lo único que importa.
Durante un rato, Allison permaneció quieta, dejando que la habitación dejara de dar vueltas y su respiración se estabilizara. —¿Cuánto tiempo he estado inconsciente?
—Seis horas —respondió Melody.
Fuera de la ventana, la noche ya se había instalado. La ciudad brillaba bajo el cielo, con sus luces parpadeando como estrellas lejanas. Xavier se inclinó hacia delante. «Allison, ¿puedes contarnos qué pasó? ¿Cómo se produjo el accidente?».
Melody intervino: «Y esa mujer que trajeron contigo… ¿Era Kaylyn?».
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En el momento en que Allison intentó reconstruir lo sucedido, un repentino dolor le atravesó el cráneo, haciéndola estremecerse.
Melody se dio cuenta al instante. «No te esfuerces. Descansa por ahora, ¿vale?».
Un leve susurro escapó de los labios de Allison. «Todo está hecho pedazos; todo es una nebulosa». Ese tipo de desorientación era común después de una conmoción cerebral: cada intento de concentrarse le provocaba punzantes pulsaciones de dolor en la cabeza. Queriendo ayudar, Madison dijo: «Si te cuesta recordar, no te esfuerces. No quiero que te duela más de lo que ya te duele».
«No lo haré», murmuró Allison, esbozando una suave sonrisa. «Te prometo que estoy bien, Madison».
La hinchazón alrededor de los ojos de Madison no pasó desapercibida. Era evidente que había pasado horas llorando.
«Melody, Xavier, siento haberles hecho preocuparse».
Dado que era un día laborable, solo podía imaginar que Melody había faltado al trabajo solo para quedarse allí. Y Xavier y Madison debían de estar muy preocupados.
Con una mirada juguetona, Melody le reprendió con suavidad. «Ya basta de disculpas. Somos tus amigos, Allison».
«Exacto», asintió Xavier con la cabeza. «Para eso estamos aquí».
No eran familia por sangre, pero allí sentados en esa habitación de hospital, su cercanía era inconfundible. Una ola de calidez floreció en el pecho de Allison. Incluso en un mundo lleno de ruido y caos, algunas personas aún sabían cómo hacer que los días difíciles se sintieran más ligeros. No importaba cuántas tormentas hubiera atravesado, siempre parecía haber alguien que la cuidaba.
«Gracias», murmuró, esbozando una leve sonrisa. El sueño volvió a apoderarse de ella y sus párpados se cerraron. «Voy a dormir un poco más».
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