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Capítulo 195:
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A primera vista, los tres…
Derek giró la sencilla alianza que llevaba en el dedo y entrecerró los ojos mientras observaba a la pareja. «Averigua quién es. Quiero un informe completo».
«Ahora mismo», fue la respuesta.
Dejando atrás a la pareja, Allison se acercó a donde estaba Derek.
«¿No vas a presentarnos?», preguntó él.
Ella siguió su mirada: Xavier y Madison caminaban justo delante.
Allison sonrió amablemente. «Esa es Madison, mi hermana pequeña. Y Xavier es un amigo».
«No sabía que tenías una hermana», dijo Derek secamente, con un significado implícito en sus palabras.
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La sonrisa de Allison vaciló ligeramente. —¿Y eso qué tiene que ver contigo?
Derek no dijo nada. Simplemente pasó junto a ella, con la espalda recta y el rostro impasible.
Allison puso los ojos en blanco en cuanto él le dio la espalda. ¿Qué le importaba a él cuántas personas consideraba ella familia?
Rylan contuvo una risita. Le parecía muy entretenido ver cómo se desarrollaban las cosas entre Derek y Allison. Muy pocas personas conseguían sacar de quicio a Derek, pero Allison lo lograba con facilidad.
Caminando junto a Allison, Rylan metió la mano en su maletín y sacó un expediente. —Aquí están los registros médicos completos del paciente. Incluyen todo el historial médico de los últimos años.
Mientras Allison hojeaba los archivos del paciente, Rylan se acercó y le resumió en voz baja las conclusiones principales de los informes de ese día.
Allison frunció ligeramente el ceño mientras sus ojos recorrían rápidamente la página. Bobbi Cullen. Treinta y cinco años. Atrapado en un coma que parecía eterno. Tenía un largo historial de complicaciones cardíacas y ahora se enfrentaba a un fallo total. El trasplante no era una opción, era su última oportunidad.
Ayer mismo, su corazón había luchado tan duramente por funcionar que todo su sistema entró en shock. Dada su baja actividad cerebral, la intervención de hoy conllevaba graves riesgos. Lo que más intrigaba a Allison era la inquebrantable preocupación de Derek por este hombre.
El precio de permanecer solo en el centro de cuidados privados era altísimo: cientos de miles de dólares al año. Ella había imaginado a otra persona completamente diferente, tal vez una mujer, alguien más joven. Ni siquiera se le había pasado por la cabeza un hombre en coma de unos treinta y cinco años.
Fuera de la habitación del paciente, Derek dijo con frialdad: «Esta operación no puede fallar, Allison».
«Entonces estás pidiendo un milagro», dijo ella con tono seco. «No hay nada garantizado en el quirófano». Esa era la realidad: fría, inflexible y verdadera.
En realidad, Allison estaba casi segura de que todo saldría bien, pero él no tenía por qué saberlo. Con Derek, prefería dejarlo sumido en la preocupación. Era mezquino, pero satisfactorio.
Sinceramente, no le importaba verlo incómodo: era algo poco habitual y se lo había ganado.
Los ojos de Derek se oscurecieron aún más. —Haz lo que sea necesario.
—Lo haré. Después de todo, quiero romper contigo de una vez por todas.
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