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Capítulo 157:
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Rylan bajó la cabeza, dándose cuenta de que había ido demasiado lejos. «Disculpe, señor Evans. He hablado más de la cuenta».
Conocía su papel, y comentar las decisiones personales de Derek no formaba parte de él.
«Empieza a prepararte para nuestro regreso a Oregend», dijo Derek sin levantar la vista.
«Sí, señor».
Afuera, Allison sacó el teléfono que Derek le había dado y escribió un mensaje a Black. «¿Dónde estás?».
Black prometió encontrarla. Sin embargo, ahora que ella había logrado salir, él no había aparecido.
¿Se habían cruzado sin darse cuenta? ¿O es que él nunca había tenido intención de aparecer?
La respuesta llegó casi al instante. «¡Por fin! ¡Has respondido! ¿Dónde estás? ¡Llevo atrapado en una montaña cerca de Nortown, totalmente perdido!». Allison exhaló un suspiro de cansancio y se llevó los dedos a la frente. ¿Cómo había podido olvidarlo? Black no tenía sentido de la orientación. A pesar de su brillantez, tenía una extraña habilidad para perderse, incluso cuando el GPS hacía todo el trabajo por él.
Recordó que una vez dijo que odiaba viajar, y ahora esa afirmación tenía mucho sentido.
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«¿Has pasado por el pequeño pueblo al pie de la montaña? Vuelve por ahí. Nos vemos allí».
No tenía sentido perder el tiempo enviando mensajes con detalles. Lo resolverían cuando él llegara. Allison se volvió hacia Madison y le preguntó: «¿Tienes hambre?».
Madison asintió levemente, aún aferrada con ambas manos al vaso de zumo casi vacío. «Sí, tengo hambre».
«Vamos a comer algo primero».
Allison no tenía intención de llevar a Madison al pequeño hospital local. Solo necesitaban un descanso, por ahora. Una vez que regresaran a Dellness, se aseguraría de que Madison se hiciera un chequeo completo.
Comieron en una cafetería y, cuando Madison empezó a quedarse dormida, Allison reservó una habitación en la posada para que la niña pudiera descansar unas horas. La entrada vacía lo dejaba claro: Derek ya se había ido hacía tiempo.
Allison había pasado todo el día esperando, desde el amanecer hasta el último atisbo de luz del día. Justo cuando la duda se apoderaba de ella y se preguntaba si Black seguiría vagando por las montañas, su teléfono vibró. «Hola, estoy abajo. ¿Puedes bajar a recogerme?».
La voz de Black sonaba alegre y desenfadada, el tipo de tono despreocupado propio de un adolescente sin preocupaciones, no de alguien que había desaparecido durante horas.
Una rápida mirada a Madison, que dormía, fue suficiente. Allison salió en silencio, cogiendo la llave de la habitación al salir. No tuvo que buscarlo, lo vio al instante.
Justo al salir de la posada, una figura alta se alzaba bajo la tenue luz de la farola, su silueta recortada contra la bruma dorada. Llevaba una camiseta negra ajustada y una mochila ligera colgada del hombro.
La mayor parte de su rostro desaparecía bajo la sombra de una gorra de béisbol y la cobertura de una máscara negra, lo que le confería una presencia distante e intocable.
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