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Capítulo 103:
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Antonia sacó el teléfono del bolso de Allison, lo apagó y rompió la tarjeta SIM en dos con un chasquido seco.
«Muy bien. Si no recuerdo mal, hay un comprador que busca esposa en algún pueblo remoto de montaña, ¿verdad?», preguntó.
Nellie asintió lentamente. «Sí. La última vez que fui allí, me dijeron que las universitarias que vendimos antes habían dado a luz a varios hijos. Ahora están atrapadas allí. Demasiado asustadas para intentar escapar».
«Perfecto. Mientras el sedante siga haciendo efecto, envíala al pueblo. Y no aceptes menos de quinientos mil».
A pesar de su aspecto juvenil, Antonia era la líder del equipo. Nadie cuestionaba nunca lo que decía.
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Sus ojos se posaron en la mujer inconsciente. «Qué pena. Alguien como ella podría habernos hecho ganar una fortuna si la hubiéramos explotado bien». Pero la rapidez les mantenía a salvo. Si alguien se enteraba de lo que estaban haciendo, todo el trabajo se vendría abajo y ellos acabarían entre rejas.
«No pasa nada. Ya tenemos quinientos mil del empleador», dijo el conductor. «Después de vender a la mujer por otros quinientos mil, obtendremos un millón en total. No está nada mal». Era la mayor recompensa que habían recibido por una sola mujer.
«Callan, ponte en contacto con el empleador. Dile que causó problemas y que tuvimos que deshacernos de ella. Si la quiere de vuelta, le costará cinco millones». No se andaban con rodeos. Se trataba de un secuestro en toda regla.
Aun así, nadie en el coche parecía preocupado en lo más mínimo.
Antonia esbozó una sonrisa seca. «Cuando nos paguen, todos recibiréis una parte. Daos un capricho».
«¡Guau! ¡Gracias, Antonia!».
«¡Antonia, eres la mejor!».
«¡Claro que sí! ¡Ha valido la pena cada segundo!».
Sus risas resonaban en el coche, fuertes y despreocupadas.
Esa noche, el teléfono de Luca se iluminó con una llamada que no esperaba.
«¿La has vendido? ¡Eso no formaba parte del trato!».
De pie en un rincón de la habitación del hospital, Luca intentó mantener la calma, pero la furia en su voz lo delató. Su rostro se había puesto pálido por la rabia.
A pocos pasos de distancia, Karin y Jaida mantuvieron la mirada fija en Luca, ambas esperando ansiosas.
Jaida preguntó: «¿Qué piensas hacer con Allison?».
Karin miró a ambos y dijo rápidamente: «Si no hubiera sido por la intervención de Luca, la empresa de mi familia habría quebrado. ¿Alguna novedad sobre Allison?».
Luca terminó la llamada, con la mandíbula apretada y la mirada dura. «Contraté a gente para que la secuestrara. Solo quería darle una lección. Pero ellos siguieron adelante y la vendieron».
¿La vendieron? ¿Esas personas eran traficantes?
Jaida se llevó la mano a la boca. A Karin se le cortó la respiración. Ambas sabían lo que eso significaba.
Una vez vendidas, algunas mujeres eran obligadas a trabajar en burdeles clandestinos.
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