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Capítulo 155:
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En solo unos minutos, María había desvelado con precisión los antecedentes de todos los amigos de Ronald.
Para entonces, dos grupos de guardaespaldas habían llegado a la puerta, a la espera de las órdenes de Ronald y Kent. En total, había más de una docena de hombres.
María hizo una ligera reverencia ante Ronald y lo miró con una sonrisa que no le llegaba a los ojos. «Ronald, asegúrate de decirle a Alina que yo también tengo pruebas de que fue ella quien me drogó y me dejó muda hace seis años. En cuanto comience la vista judicial, tus vídeos y las pruebas del delito de tu hermana se harán públicos. Entonces, no solo la posición de tu hermana como señora Xi estará en peligro, sino que el Grupo Tang también se verá arrastrado al asunto. ¡Tu familia debería replantearse esta demanda!».
Ronald jadeó, presa del pánico. Aunque nunca había prestado mucha atención al negocio familiar, sabía que si esta noticia sobre él y su hermana se hacía pública, causaría un gran daño al Grupo Tang.
Aun así, en ese momento lo único que pudo hacer fue observar cómo María derribaba a cada uno de los guardaespaldas de la puerta y salía del bar sana y salva.
En la entrada del bar, una chica no dejaba de asomarse al interior de vez en cuando. Cuando vio salir a la mujer del vestido zafiro, se apresuró a acercarse. «¡Por favor, espera un momento!».
En cuanto se plantó delante de la mujer y sintió su poderoso aura, la chica empezó a arrepentirse de su decisión. Dudó y se volvió tímida.
María la miró de reojo. «¿Qué pasa?».
Marsha tragó saliva nerviosamente. «Yo… ¡he venido a darte las gracias por haberme salvado hace un momento!». María la había salvado cuando se la llevaban los hombres de Ronald.
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No podía imaginar qué le habría pasado esta noche si no hubiera sido por María.
«No tienes que darme las gracias. Es que no va conmigo dejar que le hagan daño a gente inocente». María sabía que se trataba de la actual novia de Ronald, pero no tenía intención alguna de involucrar a personas inocentes en su disputa con él.
En cuanto terminó de hablar, se dio la vuelta para subir al coche.
Pero Marsha la detuvo de nuevo. «¡Espera!»
A María se le estaba acabando la paciencia. «¿Hay algo más?» No se conocían, así que no veía motivo para prolongar la conversación. Además, se decía que «Dios los cría y ellos se juntan», y dado que aquella joven había estado saliendo con Ronald, María no creía que fuera mucho mejor que él.
Marsha preguntó tímidamente: «¿Puedo ser tu amiga?». María era tan guapa y valiente que Marsha no podía evitar verla como un modelo a seguir.
«Lo siento, ¡no me hago amiga de mujeres!». María se subió al coche sin mirar atrás.
Marsha se quedó sola en la fría noche, conmocionada. No podía entender por qué María había dicho algo así. ¿Acaso María no era también una mujer?
Mientras tanto, conmocionado por la amenaza, Ronald se apresuró a buscar a Alina, que se encontraba en una tienda de ropa.
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