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Capítulo 978:
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Susanna observó el drama que se desarrollaba, con las manos entrelazadas bajo la barbilla.
En una ocasión había pensado que su hermano sentía algo por esa mujer astuta. Ahora, estaba claro que el afecto era unilateral.
Sin embargo, esa mujer seguía siendo una obligación romántica en la que Sean se había metido. Con Norah de vuelta en escena, parecía que había pocas razones para mantener a Marlene cerca.
«Sean, ¿para qué la necesitas si me tienes a mí? ¿Por qué soy menos que ella?». Susanna reflexionó brevemente antes de que un pensamiento travieso la golpeara. Se aferró al brazo de Sean, con voz juguetona pero quejumbrosa. «¿Por qué la elegirías a ella en lugar de a mí?».
Mientras Marlene observaba a la joven deslizarse hacia Sean y entablar conversación con él con una facilidad que parecía casi íntima, una oleada de celos se apoderó de ella. Esa cercanía era algo a lo que ella solo había aspirado.
«¿Quién eres tú?».
«¿Qué? ¿Quién soy yo?». La risa de Susanna era ligera, su mano cubría su boca. «Soy la chica más querida de Sean, ¿verdad?».
Sean asintió con resignación y lanzó una mirada fugaz a Susanna.
«Muy bien, basta de charla. Vamos a comer algo».
Interactuar con Sean nunca le había resultado natural a Marlene. Apenas conocía a nadie de su círculo, excepto a su asistente, Frank.
Su rostro perdió el color. «Sean…».
Parecía que Sean acababa de confirmar con indiferencia el lugar de Susanna en su vida. Pero, ¿dónde la dejaba eso?
¿Era solo un juguete para Sean?
Esto era algo que Marlene no podía soportar. Inclinó la cabeza, sacudió los hombros y dejó escapar un suave sollozo. «¿Debería… debería irme?».
Marlene se puso en una posición de total vulnerabilidad, sin desafiar a la joven, simplemente llorando en silencio.
Phillip se acercó, agarrando suavemente la mano de Susanna. «Hora de comer», anunció.
Marlene levantó los ojos, observando la escena desde la esquina de su visión, con los ojos temblorosos.
La mujer estaba coqueteando abiertamente con otro hombre delante de Sean. ¿Podría ser eso aceptable?
Marlene desvió la mirada hacia Sean, pero no encontró en él ninguna respuesta emocional. Ni siquiera la miró, ni le pidió que se fuera; simplemente se dirigió al comedor.
Sus lágrimas pasaron desapercibidas, sin que nadie mostrara preocupación o interés.
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