✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 968:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
La respuesta de Nia fue fría y seca: «Simplemente no me gustas».
Sin decir una palabra más, se lanzó hacia delante, pistola en mano, eliminando a varios de los hombres de Cade con disparos rápidos y precisos. Los miembros de la Sagrada Caza entraron rápidamente en acción. Los pocos hombres que quedaban junto a Cade no tenían ninguna posibilidad contra ellos.
Acorralado, Cade intentó huir hacia las puertas, utilizando a su menguante grupo de hombres como escudo. Acostumbrado a ser un blanco, sabía que su única esperanza era escapar lo más lejos posible.
Sin embargo, Nia y el equipo de Sacredice eran oponentes formidables. Alcanzaron a Cade justo cuando estaba a punto de subir a la nave y huir. Le ataron los brazos y las piernas, y luego lo arrojaron al suelo ante Nia.
—¿Quieres empezar?
Nia cruzó los brazos y negó con la cabeza. —No, empieza tú. Estaba decidida a prolongar el tormento de Cade.
—De acuerdo.
Con movimientos rápidos y precisos, le cortaron la mano izquierda antes de abandonar el lugar.
Nia se agachó frente a Cade, que gritaba.
—Te he perdonado la vida para darte una lección. No te metas con quien no puedes manejar.
Con esas palabras, sacó una daga afilada de su cinturón y agarró la mano derecha de Cade, cortándole la palma. La sangre siguió el camino de la hoja.
Cade gritó de dolor. —¿Trabajas para Nora?
Con todos sus hombres derrotados, se quedó solo para soportar el dolor insoportable.
—No eres tan tonto como pareces —comentó Nia, y su sonrisa le hizo sentir un escalofrío en la espalda.
Ahora, sin su mano izquierda y con la derecha recién herida y sangrando profusamente, Cade estaba abrumado por el miedo.
No podía entender por qué Nora, una simple pianista sin conexiones aparentemente poderosas, estaría vinculada a Nia y a la temida banda de Sacredice. Nia había sido famosa en las listas de asesinos, y su socia, Selene, era aún más formidable.
«¿Por qué, siendo un importante capo de la droga, te has fijado como objetivo a una pianista? ¿Quién te ha metido en esto?», insistió Nia.
Cade se quedó boquiabierto, con la voz temblorosa. «No lo sé. Debe de ser alguien de mis filas que le guarda rencor. Es todo lo que sé. Yo no he tenido nada que ver».
«Ya es demasiado tarde para excusas. Mira tu mano».
.
.
.