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Capítulo 848:
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«Tengo miedo a la oscuridad. Tengo miedo de este lugar».
Después de despertar de su coma y encontrarse en la más absoluta oscuridad, había intentado levantarse, anhelando escapar. Pero sus piernas estaban demasiado débiles.
Le recordaba a cuando fue secuestrado. La oscuridad sin fin, su hambre voraz, las ratas y cucarachas correteando y el hedor de la comida podrida.
Estaba aterrorizado.
Entonces apareció Norah. Sintiendo su calor, abrió de repente los ojos.
Con un aura radiante a su alrededor, Norah entró de nuevo en su mundo y lo rescató.
La abrazó brevemente antes de que ella lo apartara. Controló sus emociones y dijo: «Hace un momento, pensé que no volverías».
Una vez más, fue Norah quien lo protegió. Él se sentía como una carga para ella.
El corazón de Norah se enterneció. Aunque Marlin era ahora un magnate de los negocios en Silverdale, proveniente de una familia adinerada, eso no le importaba. Solo veía al joven que una vez la había mirado con ojos esperanzados en el oscuro sótano.
—Está bien. Estoy aquí.
Norah se sentó junto a Marlin y le dio unas suaves palmaditas en el hombro.
—Ha pasado tanto tiempo. ¿Sigues teniendo miedo?
Habían pasado cinco años desde el secuestro. Ella había asumido que Marlin lo había superado hacía mucho tiempo. Sin embargo, Marlin sintió una oleada de vergüenza. Era reacio a compartir sus persistentes miedos con la mujer que amaba.
Además, siempre había sido Norah quien acudía a su rescate.
«Estoy tratando de superarlo».
Sin embargo, el miedo permanecía, una sombra oscura en su mente. La única parte de su memoria que se había desvanecido era el rostro de Norah.
Cuando se dio cuenta de que Norah era la que lo había salvado, soñó con ella esa noche, lo que le devolvió la memoria por completo. Las imágenes de sangre, oscuridad, abuso y cautiverio lo perseguían.
Habían pasado cinco años, pero aún no podía vencer ese miedo. Norah, al observar a Marlin, comprendió por lo que estaba pasando. Le dio otra palmada reconfortante en el hombro.
«Esos días quedaron atrás. Ya no hay nada que temer. Cuanto más temes, más debes afrontarlo. Creo en ti».
La valentía no era innata.
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