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Capítulo 834:
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Luego examinó las fotos de Reggie y Justin. Las apariciones de Reggie eran cercanas a las ubicaciones de Ivy. Justin, por otro lado, parecía más audaz, visto con frecuencia en Silverdale durante los últimos cinco años. Estaba trabajando o visitando barrios rojos. No parecía preocuparse en absoluto por las cámaras de vigilancia.
Con los ojos entrecerrados, Norah observaba los vídeos guardados en su ordenador, ideando su siguiente movimiento. Ahora que conocía el paradero de la familia de Ivy, un plan de acción se cristalizó en su mente: capturar a Justin y sacarle la información.
Norah sacó rápidamente su teléfono para pedirle a Toby un permiso de ausencia. Al mismo tiempo, abrió una aplicación de entrega, organizando eficientemente las herramientas que necesitaba.
Justo cuando terminaba de prepararse, llegó un correo electrónico de Rex. Las palabras de gratitud se desbordaron, agradeciéndole el tratamiento de Eloisa. Norah se sintió aliviada cuando él confirmó su regreso seguro a su país de origen y la recuperación continua de Eloisa.
Los recuerdos aparecieron en su mente: el descanso de Eloisa en el hospital después de la cirugía antes de su partida. La cirugía había sido un éxito y la memoria de Eloisa permanecía intacta. Norah resistió la tentación de responder. Su reputación como doctora solicitada y distante exigía una comunicación cuidadosa. Después de todo, todos los pacientes que había tratado en Silverdale se habían recuperado y una suma considerable había llegado a su cuenta bancaria después.
Esos fondos se convirtieron en su patio de recreo personal en el mercado de valores. Las acciones meticulosamente analizadas formaban una parte significativa de su riqueza. En el extranjero, había amasado una fortuna gracias a una combinación de comisiones organizativas e inversiones inteligentes. Haciendo balance, Norah se dio cuenta de que sus activos equivalían ahora a un tercio de la fortuna de la familia Wilson. Esto, por supuesto, excluía su alijo oculto, restos de la familia Carter, un acto desafiante contra ellos en el pasado.
Pero ese era un capítulo cerrado; Norah no quería darle más vueltas.
En el Cloud Club, entre las luces borrosas y coloridas, Coen reveló una faceta diferente de sí mismo. Dos mujeres se unieron a él para tomar unas copas, sus encantos físicos fueron el centro de su atención.
«¿Te pusiste en contacto con Madeline durante tu viaje? Mi mujer dice que Madeline está angustiada en casa. ¿No te importa?», se burló Derek, con el trago dando vueltas en su vaso. «Cada llamada es una súplica económica: cientos de miles de dólares, sin pensar en mi situación. ¿Soy solo un cajero automático para ella?».
Los ojos de las acompañantes brillaron. Unos pocos miles estaban muy lejos de las exigencias de Madeline.
Coen asintió con la cabeza, con las manos aún en movimiento. —Madeline está muy malcriada, tanto por mí como por su madre. Tienes que tener paciencia.
Derek recordó las palabras de Coen cuando conoció a los padres de Madeline, palabras que le instaban a tratar bien a su hija. Sin embargo, fue Coen quien lo llevó al club y le pidió escorts.
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