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Capítulo 775:
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Una suave brisa susurraba entre los árboles mientras una luna llena, como una moneda de plata, ascendía en el cielo crepuscular.
«¡Qué vista tan impresionante!», suspiró Norah, deteniéndose en la fuente. Observó aturdida cómo los niños corrían alrededor de la fuente, con el rostro iluminado de alegría, bajo la atenta mirada de sus padres.
Mirando a la luna, un doloroso anhelo por su propia familia le oprimió el pecho. Buscando consuelo, Norah se sentó en un banco al borde de la carretera, cerró los ojos e inclinó la cabeza hacia atrás para sumergirse en la música.
El suave resplandor de las farolas iluminaba su rostro, atrayendo las miradas de los transeúntes.
«¡Qué guapa, estás tan brillante!». Una dulce voz rompió la serenidad.
Los ojos de Norah se abrieron. Una niña de tres años, vestida con un vestido rosa y esponjoso, le guiñó los enormes ojos a Norah con una admiración no disimulada.
Los labios de Norah se curvaron en una sonrisa genuina.
«Gracias, cariño. Tú también eres muy adorable». Norah, mientras le alborotaba suavemente el pelo, preguntó: «¿Dónde está tu mamá?».
La niña se mordió la uña del pulgar y sacudió la cabeza con solemnidad. —He perdido a mi mamá. ¿Estás aquí para ayudarme a encontrarla, verdad?
La niña no mostraba ningún miedo, y se aferró a la pierna de Norah con un mohín adorablemente persuasivo. —¿Puedes ayudarme, señorita?
Resultó que esta niña estaba separada de su madre. Sorprendentemente valiente, no estaba hecha un desastre lloroso, sino que buscaba ayuda con calma entre extraños. Un impulso de protección surgió en Norah.
Con un suave apretón en la mejilla de la niña, Norah prometió: «Está bien, vamos a buscar a tu mamá».
La zona no era muy grande, pero carecía de personal de seguridad. Norah guardó sus auriculares y se agachó, recogiendo a la niña con sorprendente facilidad. La niña se aferró a su cuello en silencio, irradiando una tranquila confianza.
«Mamá debe estar muy preocupada», susurró con voz apenas audible.
«Estoy segura de que sí», respondió Norah, abrazándola.
Se dirigieron a la zona más concurrida del parque. Una joven, desesperada por la preocupación, preguntaba a los transeúntes. «¡Aurora! Aurora, ¿dónde estás? Disculpa, ¿has visto a mi hija? Tres años, vestido rosa…».
Las lágrimas brotaron de sus ojos al recibir respuestas negativas, su voz se volvió más desesperada con cada pregunta.
«¡Aurora, sal! Estoy muy preocupada».
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