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Capítulo 759:
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Su expresión era tranquila, sin miedo, como si estuviera hablando casualmente del tiempo.
El líder del grupo la examinó de la cabeza a los pies y luego ordenó con dureza: «No te demores. Agárrala y tráela adentro».
Para él, Norah era solo otra mujer. Despidiendo a Norah, les ladró órdenes a sus hombres.
El médico ya había entrado en la granja para preparar el instrumental quirúrgico, mientras los otros nueve hombres rodeaban a Norah. El líder se relajó en una tumbona junto a la puerta, bebiendo té y contemplando el millón de dólares que estaba a punto de ganar.
De repente, se produjo un fuerte ruido que envió una onda expansiva a todo el grupo. En cuestión de segundos, todos los hombres que rodeaban a Norah se desplomaron, inconscientes.
De pie en el centro de la escena, Norah se tapó la boca y la nariz con las manos, mirando fijamente al líder del grupo, que se había levantado asombrado.
Ella permaneció en silencio, pero él entendió la amenaza implícita. Él era el siguiente.
Se le doblaron las rodillas. Sin sus secuaces, no era más que un hombre corriente. No podía entender cómo Norah había logrado dejar inconscientes a sus nueve subordinados tan rápidamente.
«¡Doctor, salga de aquí ahora mismo!».
El médico, agarrando la aguja anestésica, apareció cautelosamente desde la puerta. Había estado observando en silencio, tras escuchar el alboroto.
—Atrapémosla juntos.
El líder tragó saliva con dificultad y apretó con fuerza la daga.
—No escaparás de aquí.
Su amenaza era firme, pero Norah solo se rió.
—¿Escapar? Tú eres quien debería estar huyendo.
Su intención no había sido huir cuando llegó. Había venido a eliminar a todos los presentes para evitar problemas futuros.
La aguja anestésica en la mano del médico le dio un impulso de confianza. «Sujetadla por mí. ¡Una vez que inyecte esto, estará inconsciente en menos de dos minutos!».
Había adquirido una dosis de anestesia particularmente potente, lo suficientemente fuerte como para noquear a un elefante en cuestión de minutos.
Norah, sin embargo, estaba preparada. De su bolso sacó una pequeña bola explosiva, no más grande que una canica, llena de gotas para noquear. El gas liberado al impactar provocaría síntomas similares al coma en cualquiera que lo inhalara.
Estas gotas para noquear se inspiraron en las utilizadas por el operativo conocido como Breaker Sasha, y resultaron casi tan eficaces. Después de regresar a casa, Norah había convertido estas gotas en bolas explosivas del tamaño de una canica, lo que las hacía fáciles de transportar y desplegar. Un lanzamiento firme al suelo y el gas le permitiría escapar.
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