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Capítulo 656:
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En la entrada, un acomodador verificó cuidadosamente sus invitaciones antes de permitirles entrar cortésmente.
Coen detuvo a Derek, con la mirada fija en un elegante Bentley negro que se acercaba al lugar. —Espera un segundo. Ese es el coche del Sr. Newman. La superficie pulida del coche brillaba bajo las luces, y Derek se sintió cautivado por el emblema del capó. Despertó en él un sentimiento de nostalgia.
Hubo un tiempo en el que podía gastar decenas de millones sin pensárselo dos veces. Pero esos días quedaron atrás. Ahora, se las apañaba como podía, escatimando donde podía.
Cuando el Bentley se detuvo, Jarrod salió del coche, bañado por el opulento resplandor de la iluminación del lugar. Sus rasgos eran llamativos, y al mirar su teléfono, una leve sonrisa se dibujó en sus labios.
Coen se acercó a él con una sonrisa. —Es un placer volver a verle, Sr. Newman. ¿Nos recuerda?
Jarrod salió del coche solo, sin acompañante, y les dirigió un breve gesto de ceño. Se ajustó la chaqueta del traje antes de caminar hacia el edificio. —Sí. Os recuerdo.
A pesar de la actitud desdeñosa de Jarrod, Coen no se desanimó. Siguió su ritmo, esperanzado. —¿Podríamos trabajar juntos?
Derek lo alcanzó y añadió: —Sr. Newman, ¿quizás podríamos retomar nuestra conversación?
Los dos hombres siguieron a Jarrod hasta el vestíbulo, pegados como la goma de un zapato.
Poco después, un Audi negro se detuvo suavemente. El asistente del asiento delantero salió rápidamente y abrió la puerta trasera para su jefe.
Sean salió del coche, impecablemente vestido con un traje de diseño que acentuaba sus anchos hombros y largas piernas. Su llamativo aspecto atrajo inmediatamente la mirada de numerosas admiradoras.
Se volvió hacia el coche y, mientras extendía su mano derecha, una delicada mano se extendió para encontrarse con la suya.
Lo primero que tocó el suelo fueron unos tacones altos con diamantes, seguidos de una mujer con un brillante vestido plateado, que se ajustaba cuidadosamente el escote al salir del vehículo. Una vez que sus pies tocaron firmemente el suelo, se pasó la mano por su largo cabello, que caía en cascada hasta su cintura, dejando al descubierto su impresionante rostro.
La llegada de Sean y Norah causó revuelo entre los asistentes.
Este evento no era solo una reunión de magnates de los negocios; también contaba con caras notables de la industria del entretenimiento. Pero en medio de estas celebridades, Sean y Norah destacaban. Su encanto era inigualable, superando incluso al de las celebridades presentes.
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