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Capítulo 598:
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Corrin insistió, al ver su expresión impasible. «La empresa está pasando apuros y cualquier progreso es vital. ¿Puedes soportar ver cómo mi empresa quiebra?».
Le pellizcó a Samira, una señal silenciosa que ella captó rápidamente.
—Norah, siempre has sido una buena persona —intervino Samira, con la voz ahogada por la emoción—. El matrimonio de Luna y Dooley tiene problemas y Shayla está hospitalizada. Nuestra empresa no puede derrumbarse ahora. —Bajó la cabeza. Después de unos segundos, levantó el mentón, dejando al descubierto unos ojos enrojecidos—. Contamos con la cooperación del Grupo Scott —suplicó.
Norah se maravilló de su teatralidad. De repente, se dio cuenta de que las tres personas con las que se había encontrado después del trabajo eran maestras de la actuación. Podían llorar a voluntad, pero ella era inmune. Sus lágrimas solo la repelían.
Apretó la mandíbula y replicó: «Luna es tu hija, Shayla tu nieta. ¿Cómo me involucra eso a mí?».
Sus palabras daban a entender que los problemas de Luna y Shayla eran culpa suya.
«No lo son», afirmó Norah con firmeza. «Deja de acosarme. Es una pérdida de tiempo».
Cuando Norah se dio la vuelta para irse, Samira se abalanzó sobre ella, desesperada. «¡Norah! ¿Quieres que mi familia se arruine? ¿Y que nadie se entere de tu pasado?».
Norah se burló. «No hay nada de mi vida en Glophia que deba mantenerse en secreto. Si esa es tu amenaza, puedes guardártela. No tengo secretos».
Si Sean le preguntaba por su pasado, le diría la verdad. Samira balbuceó, con la frustración hirviendo. Al ver que Norah se marchaba, se lanzó hacia delante, tratando de agarrarle la mano.
Anticipándose al movimiento, Norah giró con gracia, esquivando el agarre de Samira. Girando bruscamente, la miró con una intensidad gélida. «¿Qué estás haciendo?».
Su voz tenía un poder silencioso, una advertencia descarnada.
De repente, una mujer se materializó detrás de Samira, con una mano firme en su brazo. Samira vaciló. La lealtad familiar luchaba contra el miedo. «Necesitamos la cooperación del Grupo Scott», murmuró. Tenían que asegurar el trato, pensó con tristeza.
La mujer frunció los labios con fuerza. —Tía Samira, la señorita Wilson no puede ayudarte. Por favor, encuentra otra solución. Había seguido a Samira discretamente, escuchando la conversación. Aunque dudaba en intervenir, no podía soportar la idea de enemistarse aún más con Norah. Si eso ocurría, su futuro en Glophia sería sombrío. El pánico aumentaba, y ella había salido, desesperada por suavizar las cosas.
Samira la miró fijamente, sorprendida de que su sobrina conociera a Norah. No habían estado en contacto durante años.
«No tienes nada que decir en esto», espetó Samira. «La hija de Luna está gravemente enferma y las facturas del hospital son astronómicas. No podemos perder esta asociación».
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