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Capítulo 1221:
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«¿Norah?».
La voz de Keenan sonó ronca mientras miraba a Norah con afecto, observándola acomodarse en una silla junto a su cama. —Esta es la primera vez que nos vemos, y le pedí a tu tío que te diera algo de la caja fuerte negra de mi habitación como regalo. —Habló lentamente, haciendo una pausa para recuperar el aliento después de cada pocas palabras.
Norah escuchó pacientemente, su mano cubriendo la suya, el calor de su piel haciéndole palpitar el corazón. Este era su abuelo.
—Abuelo —murmuró ella—. Soy Norah Wilson. Mamá te habrá hablado de mí.
Ella le dedicó una dulce sonrisa infantil. —Puede que mamá no te lo haya dicho, pero soy una doctora muy competente. —Parpadeó juguetonamente, y la luz acentuó sus hoyuelos—. Así que no te preocupes, haré todo lo posible para ayudarte a vivir unos años más.
Los ojos de Keenan, nublados y apagados, se movieron ligeramente. Su vista deficiente le dificultaba ver con claridad. —Soy consciente de mi estado. El mero hecho de volver a ver a tu madre ha cumplido mis últimos deseos —suspiró.
A medida que se acercaba su final, su anhelo por ver a su hija se intensificaba. Ahora que lo había hecho, se sentía en paz, incluso si la muerte llegaba esta noche.
—Abuelo, dame una oportunidad. Confía en ti mismo y mejorarás.
Mientras Norah hablaba, realizó un breve examen de su estado físico. Con sus habilidades únicas, descubrió numerosos factores que contribuían al deterioro de su salud. El problema más grave era su enfermedad coronaria, que requeriría cirugía para potencialmente extender su vida por varios años.
Afortunadamente, Norah, experta en varios campos médicos, particularmente en cirugía cardíaca, había realizado cirugías coronarias muchas veces antes.
Keenan asintió con resignación. Esta primera reunión le causó una fuerte impresión. Su presencia segura inspiró su confianza. A pesar de su inminente mortalidad, estaba dispuesto a cooperar con ella.
Norah percibió los pensamientos de su abuelo: eran claros y no los ocultaba. Sonrió con tono tranquilizador. «Abuelo, descansa un poco. Volveré a verte mañana».
Después de que Norah saliera de la habitación, Bernice le agarró la mano, con los ojos llenos de expectación. «Norah, ¿cómo está?». Huntley seguía sin poder creerlo. A pesar de haber consultado a numerosos médicos de renombre sobre el estado de Keenan, ninguno había conseguido mejorar su situación. ¿Cómo podía su joven sobrina conseguir curar una enfermedad tan grave?
Bernice se limitó a dar unas breves explicaciones y decidió no revelar todavía todas las capacidades de Norah. Estaba segura de que su hermano lo entendería cuando viera los resultados.
Caylee, que observaba desde cerca, parecía dudar. Dada la juventud de Norah, parecía demasiado inexperta para manejar el caso de Keenan.
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