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Capítulo 1086:
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Joanna asintió, le entregó la silla de ruedas a Susanna y se fue a recabar información.
Poco después, Joanna regresó con noticias desalentadoras. «El Dr. Mitchell sigue en urgencias. Tiene muy mala pinta. Es desgarrador, es una persona tan amable».
Norah recordó que el cuchillo no había alcanzado ninguna arteria, lo que sugería que aún había posibilidades de salvar a Lanny. «Quiero verlo», declaró tras una pausa.
Joanna y Susanna se miraron, conscientes de las capacidades de Norah como Doctora Sobrenatural y de su posible deseo de ayudar.
«Juntas, apoyaremos lo que decidas», aseguraron al unísono, con expresión firme.
Norah sonrió levemente ante su determinación. «Gracias».
Al darse cuenta de que no podía quedarse de brazos cruzados mientras una doctora experta estaba en peligro, Norah decidió actuar.
Joanna se apresuró a buscar más detalles mientras Susanna empujaba a Norah hacia el quirófano.
Dentro, la tensión era palpable.
«Seguid con las transfusiones, no os detengáis», ordenó Malcolm Hanson, el cirujano jefe, con voz autoritaria. Una enfermera le secó la frente, preocupada. «Nos hemos quedado sin sangre almacenada en el hospital».
Malcolm mantuvo la vista en la herida aún abierta, los vasos sanguíneos aún por coser. «¡Consigue más sangre de otros hospitales, ahora!». El tiempo se agotaba y el estado de Lanny era crítico. Sin las continuas transfusiones de sangre, probablemente se habría desangrado antes incluso de llegar a urgencias. Coser los vasos rotos de su cuello era la clave para salvarlo, el paso que decidiría el destino de Lanny.
Dos horas después de la cirugía, Malcolm estaba agotado, pero no podía darse el lujo de aflojar. La vida de Lanny dependía de él y, como colegas del hospital, Malcolm estaba decidido a salvarlo.
«Doctora Hanson, la doctora Wilson está fuera de Urgencias y dice que puede salvar a Lanny», interrumpió una enfermera.
«Estoy en medio de salvarlo. ¡No necesito distracciones de la Dra. Wilson ni de nadie más!», resopló Malcolm. La cirugía requería toda su atención. No podía permitirse perder la concentración, ni siquiera por un momento, mientras trabajaba con cuidado en la reparación de los vasos sanguíneos.
La enfermera observaba los monitores con nerviosismo. «¡Dra. Hanson, casi no tenemos sangre!». Habían agotado casi todos los suministros de sangre durante estas horas críticas.
Malcolm echó un vistazo a los signos vitales, observando cómo fluctuaban mientras la herida del cuello de Lanny permanecía abierta. «¿Dónde están esas bolsas de sangre? ¿Por qué no han llegado todavía?», siseó.
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