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Capítulo 1035:
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«Muy bien. Vamos a prepararnos para recibir a la familia Frazier». Dicho esto, se dieron la vuelta y se marcharon.
En la sala, Norah había conseguido calmar sus emociones después de un buen llanto. Se secó los ojos rojos e hinchados, los abrió y miró a su alrededor, a las caras reunidas junto a su cama.
Sean, Susanna, Joanna, Bryson, Kason, Kaiden, Gil, Trudy, Marlin y Yolande… Todos eran sus queridos amigos.
Norah tenía la mano izquierda rota y las piernas heridas. Sin embargo, la lesión más grave era la que tenía en el cerebro.
Joanna ajustó ligeramente la cama para que Norah pudiera hablar más cómodamente con todos los que estaban reunidos a su alrededor.
«Gracias por venir a verme… Han pasado muchas cosas durante el último año», dijo Norah con voz tranquila. «Lo recuerdo todo. Kason, gracias por rescatarme de debajo del acantilado y por cuidarme tan bien».
Se abstuvo de entrar en más detalles. Los sentimientos románticos que tenía hacia Kason cuando perdió la memoria se desvanecieron al despertar.
—Sé quién quiere que me vaya. Gracias a todos por vuestro apoyo, y siento los problemas que he causado.
Asintió suavemente, expresando su gratitud a todos. La cicatriz de su rostro ya no llamaba la atención; en cambio, era su aplomo y seguridad en sí misma lo que cautivaba a la sala. Estaba claro para todos que Norah había recuperado realmente la memoria.
Gil negó con la cabeza. «No es ninguna molestia. Solo queremos que estés a salvo».
Trudy intervino: «Hemos estado muy preocupados, apenas comemos ni dormimos. ¿Cómo piensas compensárnoslo?».
Norah levantó la vista y se dio cuenta de que las canas parecían haberse multiplicado, reflejando su estrés.
Conteniendo las lágrimas, prometió: «A partir de ahora estaré a vuestro lado, ¿de acuerdo?».
Gil y Trudy respondieron al unísono: «Será mejor que mantengas esa promesa».
Al cabo de un rato, todos habían hablado con Norah y empezaron a abandonar la sala. Al final, solo quedaron Kason y Sean.
Sean miró a Kason con frialdad. «Sr. Hayes, por favor, sea breve. Norah acaba de despertar y no se encuentra bien. Necesita descansar».
A pesar de las insistentes palabras de Sean, la expresión de Kason no cambió. Se sentó junto a la cama de Nora, con la mirada fija en ella, con una mezcla de impaciencia e incertidumbre. Abrió la boca para hablar, pero las palabras no le salieron.
Nora era capaz de conversar con normalidad, pero a Kason le costaba encontrar las palabras. Durante el último año, sus interacciones con ella no habían sido más que dulces recuerdos. Ella había dependido de él, como un niño depende de un tutor. Esos recuerdos eran exclusivos de ellos.
Bajo la intensa mirada de Sean, Kason se vio incapaz de expresar lo que realmente sentía. «Nora, yo…».
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