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Capítulo 1000:
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exclamó Yolande conmocionada, «¡Marlin, el coche que viene detrás nos está adelantando!».
Mientras reducían la velocidad, el Ferrari que iba detrás pisó el acelerador sin dudarlo, los adelantó y realizó un derrape impecable para hacerse con el liderato.
Al presenciar esto, Marlin no pudo evitar sudar. Supuso que la audaz maniobra de la mujer se debía a que no estaba familiarizada con la traicionera carretera. Aunque no era tan desalentador como las veintidós curvas, este tramo suponía el mayor peligro.
«¡Marlin, acelera y adelántala!».
Yolanda no podía entender cómo una mujer había superado a Marlin.
Mientras que Vinson demostraba su ineptitud, Marlin destacaba en las carreras. Los delgados dedos de Marlin se apretaron alrededor del volante, con expresión seria.
«Cálmate».
Además de la subida, también estaba la bajada. Se negaba a creer que la mujer mantuviera constantemente el primer puesto.
Hans arqueó una ceja. «¿Eh? ¿La mujer quedó en primer lugar?».
Rosalee reflexionó brevemente. «Es realmente hábil en las carreras». La mujer tenía un don para las carreras. Los recuerdos de su encuentro inicial le trajeron una sensación peculiar. ¿Quién era la mujer? ¿Realmente reconoció a esta mujer?
El Ferrari mantenía con confianza su ventaja en los dos carriles, imparable en su ritmo.
Amy jadeó, con la mano agarrándose el pecho. «Dios mío, ¿no has reducido la velocidad antes de tomar un giro tan brusco?». Apenas tuvo tiempo de advertir a Nora mientras observaba cómo maniobraba con el coche. Después de la derrape, Amy seguía nerviosa, y tardó un rato en recuperar la compostura.
Las carreras resultaron ser una experiencia estimulante. Cuando recuperó la compostura, pudo sentir su corazón latiendo con fuerza en su pecho.
«¡Nora, me prometiste que tendrías cuidado! Vas muy rápido. ¿Cómo puedes garantizar tu seguridad?», exclamó Amy, visiblemente preocupada.
Nora se volvió con una sonrisa. «No es tan peligroso, ¿de acuerdo? No te preocupes».
Estaba segura de que podría completar la deriva con los ojos vendados.
Amy no entendía por qué la gente disfrutaba de las carreras de coches. Para ella, parecía peligrosamente cerca de la muerte.
«Déjalo estar. Me callaré. Solo concéntrate en conducir». Amy temía que hablar distraería a Nora de la conducción, así que se abrochó el cinturón de seguridad con fuerza y permaneció en tenso silencio.
Esta era la razón por la que no le gustaban las actividades emocionantes. Eran realmente aterradoras.
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