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Capítulo 99:
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“¿Te irás a vivir a Malibú?”
“No lo sé. Tal vez solo me vaya muy lejos, donde nunca podrás encontrarme”.
Las palabras de Merybeth, de pronto le dieron algo de temor.
Sonaron amenazantes.
Arrugó el gesto, y dejó los cubiertos sobre la bandeja.
“¿Es eso una amenaza?”
Exclamó al verla fijamente.
“¿Acaso crees que con mi ausencia podría amenazarte? ¿Acaso temerías de ella?”
Sean tenía los ojos furiosos.
Ella podía notarlo.
Merybeth tomó un poco de comida con la cuchara y la extendió a su boca, como si fuera a alimentar a un pequeño bebé.
Él comió, pero luego tomó la bandeja y la llevó hasta una mesa. Luego se acercó a ella, Merybeth sintió nervios al estar tan cerca.
De pronto sintió que él besó sus labios, fue un beso intenso.
Era tan apasionado que nubló su razón.
Ella correspondió al instante, sus manos se aferraron a su cuello, sus lenguas, danzaban entre la humedad.
Ella sentía como su corazón latía, su cuerpo temblaba, ella quitó su camisa levantándola y lanzándola al suelo.
Sus manos palparon su torso, acariciando su piel.
Sean sintió que se quedaba sin respiración.
Sus manos eran tan ardientes.
Tenía un poder sobre él.
Ella lo empujó hasta recostarlo.
Sus labios besaron su piel.
Él jadeó al sentirla.
Luego la detuvo.
Sus ojos la miraban fijamente.
“¿Qué intentas hacer? ¿Crees que vas a controlarme con esto?”
Ella le miró con duda.
“¿Qué?”
“¿Crees que me controlarás con se%o? No, Merybeth, ¿Crees que no lo han intentado otras, antes que tú?”
Merybeth sintió como si el golpeara su estómago, y la dejara sin aire.
Se levantó, alejándose de él.
“¿Quién te crees que eres?”
Exclamó con rabia.
“Esta farsa va a terminar cuando yo lo diga, pero, por ahora, seguirá siendo una farsa, no lo olvides nunca, ahora ve a dormir”.
Ella le miró con rabia, de pronto se acercó un solo paso y le dio una fuerte bofetada.
“¡Imbécil!”
Exclamó.
Ella intentó irse, caminando hacia la puerta, pero, él la regresó, sosteniendo su nuca con gran fuerza, y la besó con pasión.
Lo con intensidad.
Ella no pudo huir de él.
Sintiendo como todo ardía en ella.
Pero luego él detuvo el beso.
“Ahora vete”.
Ella le miró rabiosa, y luego rio de él.
“¡Lo que pasa es que eres un impotente! Y estás avergonzado de ti mismo”
Dijo burlona.
“Si quieres pensar eso para sentirte bien contigo misma, créelo, tal vez no me excitas lo suficiente”.
Merybeth sintió que lo odiaba.
Sus labios estaban fruncidos, furiosos, pero luego relajó su gesto.
Se acercó a él, sin que pudiera preverlo, y tocó su vir%lidad, dejándolo perplejo.
Palpándola con su mano de forma tan delicada y placentera, que incluso lo hizo soltar un jadeo.
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