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Capítulo 62:
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Ese chico seductor, alto y moreno de fuego se acercó a ella.
Era tan ardiente como la noche en el desierto.
Ella sonrió al verlo, vistiendo con ropas tan ligeras, mientras bailaba alrededor de ella, como una mosca frente a la miel.
Ella miró de reojo a Jane, y ella sonreía, bailando con otro hombre también guapo.
El hombre sostenía algo en su mano.
Era como un polvillo y cuando menos pensó lo sopló sobre su rostro.
Ella inhaló profundo y sacudió.
“¡¿Qué m!erda era eso?!”
Ella no pensó con lógica.
Era demasiado tonta y ebria.
Cuando sintió las manos de ese hombre, acercándola, mientras bailaba a su lado, rítnicamente, pudo sentir como esa er%cción golpeaba su trasero, pero no era como en sus recuerdos de la noche salvaje.
No, ese hombre no era Sean Hyland.
‘¡¿Por qué demonios recuerdo a ese señor Antártida?! ¡Qué se congele como un glaciar!’
Pensó.
Cuando lo recordó besando a Lucy, y sintió ganas de desquitarse de él, así como se había desquitado alguna vez de Joe Carson, por haberla engañado.
Ella bailaba sensual y se%y con ese joven.
Ella giró su mirada y fue entonces que pudo vislumbrarlo a unos pasos de ella, ahí estaba él, en el centro de la pista, iluminado por una tenue luz, con el rostro serio y severo.
Era como una ilusión.
Como una imagen fantasmagórica.
Ella pensó que no era real, pero, pronto supo que sí lo era.
Sean Hyland estaba en ese lugar.
Se acercaba tan lento, y llegó junto con el estribillo de su canción favorita, ella se quedó sin aire.
¿Qué estaría pensando el Señor Hyland de verla en manos de otro hombre?
¿Acaso ella golpearía su gran ego?
O tal vez…
¿De verdad estaría celoso de perderla ante otro hombre que no era él?
Merybeth se preguntaba si ella representaba algo más que una esposa por contrato en la vida de Sean Hyland.
Estuvo segura de que con suerte, hoy tendría la respuesta a esa pregunta.
Sean Hyland afiló sus ojos, volviéndolos pequeños.
Sintió que le faltaba el aliento.
Apenas entró, la buscó por todo el lugar con una mirada casi sagaz.
Y de pronto la vio ahí, bailando, atrapada en los brazos de ese hombre.
Hyland sintió algo que solo una vez sintió.
Fue como un miedo indescriptible.
Pero ahora, en lugar de la tristeza que le había embargado aquella vez, ahora sintió una rabia incontenible.
No era decepción.
Era furia.
Era locura.
Era un deseo arrebatador de ir a recuperar a esa mujer, y arrancarla de los brazos de ese hombre, cuanto antes.
Orson permaneció dos pasos atrás.
Cuando miró lo que su primo veía, agachó la mirada, ya se imaginaba que el contrato quedaría cancelado, que el divorcio sería inmediato, Orson contuvo todo su aliento.
Sean caminó hacia ella, y por un instante, al sentirlo tan cerca, Merybeth tuvo miedo.
El hombre no dijo nada.
Solo la tomó del brazo y la quitó de la cercanía de ese sujeto.
Pero ese hombre no se veía feliz.
Ella sintió su fuerte agarre y caminó sin oponer mayor resistencia, hasta que el sujeto con el que bailaba les detuvo el paso, tomando a Hyland del hombro
“Oye, macho, te estás robando a mi chica de esta noche”.
Sean estaba rojo de furia, y se notaba en su mandíbula que estaba rabioso.
Merybeth sintió que se volvía pequeña ante ellos.
“¿Qué dijiste? ¡Ella es mi esposa! ¡Mi mujer! Así que mejor, cuida tus palabras, vuelve a tu lugar, y déjanos en paz”.
El tipo le miró con rabia.
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