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Capítulo 111:
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Ella giro su mirada, cuando sintió que él la observaba, pero un sollozo escapó de sus labios y lloró.
Sean se sorprendió al verla, sintió temor de verla así.
“¡Libérame!”
Exclamó mordiendo con furia sus palabras.
Sean tomó la llave y liberó la cerradura de las esposas.
Ella movió sus muñecas que dolían.
Luego se cubrió con una manta.
Se sentía tan mal.
Se giró a un lado, para no verlo.
Él permaneció en el mismo lugar.
Estaba mirando al techo.
No dijo nada, pero escuchó que ella lloraba.
Su llanto era casi silencioso, como si luchara por callarse, era triste, era cruel.
Sean sintió culpa.
Sintió el deseo de tomarla en sus brazos, hacerla suya, y darle lo que le pidiera, para que no llorara más.
Pero tuvo terror de que esta vez fuera ella quien lo rechazara.
Después de un rato escuchó que ella dejó de llorar.
Su respiración le confirmó que estaba dormida.
Sean la observó.
Tenía una mirada triste.
‘Lo siento, no quise hacerte llorar, no lo hice con maldad, solo entiéndeme, si estay aquí, si digo estas. palabras, si me preocupo por ti, o te quiero a mi lado todo el tiempo, si pienso en ti la mayor parte del día, o si te protejo, no pienses que hay amor, no te amo, Merybeth, no hay amor en mí, no hay amor, no hay nada en mi horrible corazón’
Pensó, mientras la abrazaba y besaba sus cabellos con ternura.
Cuando el amanecer llegó, Sean abrió los ojos.
Merybeth seguía dormida.
Él miró las horribles esposas.
Odiaba como había terminado todo en esa noche.
Él había dormido a su lado.
Sintió un nudo en la garganta al verla, rendida en la cama.
Recordó todo lo que pasó.
‘Fui demasiado cruel, pero debe entender, no puede amarme, no debe hacerlo’
Pensó Sean.
Intentó tocar su rostro con sus manos, pero se alejó ante el temor de que despertara.
No quería enfrentar su mirada, ni todo lo malo que le dijera.
O tal vez sí.
Podía enfrentar todo eso, pero sus lágrimas…
Si ella lloraba, entonces, no podría hacerlo.
Ayer la vio llorar, no de esa forma en que una mujer llora cuando quiere pelear, si no, que la vio llorar de un dolor verdadero, de una humillación que le causó.
Sean recogió su ropa y salió de prisa.
Fue a su alcoba y se bañó.
Luego se vistió tan rápido ay salió de ahí.
Merybeth despertó al escuchar el sonido del auto.
Se irguió con rapidez, y entonces, los recuerdos de la noche anterior, cayeron sobre su mente, como un pedazo de cristal rompiéndose.
Se levantó, sintió su cuerpo pegajoso.
Recordó lo pasado.
Fue al cuarto de baño.
Quería contener el deseo de llorar.
El nudo en la garganta, abrió la llave y el agua fría cayó en su cuerpo, las lágrimas corrían también por su mejilla.
Al salir se cambió y se miró al espejo, sus ojos estaban enrojecidos por su llanto, acarició sus brazos con sus manos, en forma de cruz, y comenzó a llorar.
Rompió en sollozos de frustración, de rabia y de rencor.
‘¡Maldito seas, Sean Hyland! ¿Qué has hecho conmigo? ¡Mírame! Estás acabando con mi alegría, eres una maldita sombra, ¡Eres un criminal de la paz! ¡Te odio! ¿Dije que te amaba? ¡Pues, ahora te aborrezco! ¿Cómo pudiste hacer eso? Eres malo, eres cruel, no mereces amor de nadie’.
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